Ir al contenido

Capítulo 252. Diplopía crónica: estrategias de adaptación

La diplopía crónica es el síntoma neurooftalmológico peor tolerado en relación con su gravedad objetiva: no amenaza la visión ni la vida, y sin embargo incapacita para conducir, leer, trabajar y moverse con seguridad. Este capítulo se ocupa del paciente en el que la recuperación ya no va a producirse, y desarrolla cuándo puede considerarse estable una diplopía, las estrategias de oclusión, filtros y penalización, la prescripción de prismas permanentes con sus límites, la indicación de cirugía en la diplopía neurológica estabilizada, y la adaptación psicológica y laboral. La tesis es que el objetivo terapéutico en la diplopía crónica no es la visión binocular única en todas las posiciones, sino un campo de visión única suficiente para las actividades que el paciente necesita, y que definir ese campo con él es lo que convierte una serie de intentos en un plan.

⇄ La técnica quirúrgica del estrabismo paralítico y sus procedimientos se desarrollan con detalle en la monografía de Estrabismo y oftalmología pediátrica; aquí se tratan en su indicación y en la expectativa que cabe transmitir.

Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:

  • Establecer cuándo una diplopía puede considerarse estable.
  • Aplicar la oclusión, los filtros y las penalizaciones con criterio y con sus inconvenientes.
  • Prescribir prismas permanentes conociendo sus límites.
  • Indicar y explicar la cirugía en la diplopía neurológica estabilizada.
  • Acompañar la adaptación psicológica y laboral del paciente.

El paciente con diplopía crónica llega a este capítulo después de haber pasado por el resto de la obra. Ha tenido una parálisis oculomotora, una orbitopatía tiroidea, una miastenia, una lesión troncoencefálica o un traumatismo, se ha estudiado y se ha tratado la causa, y lo que queda es un desequilibrio motor que no se va a resolver solo. El marco diagnóstico de la diplopía y de las neuropatías oculomotoras está desarrollado en los capítulos correspondientes y sus revisiones de referencia siguen siendo útiles como recordatorio.[1,2,3]

Lo que justifica un capítulo propio es el impacto funcional, que se subestima con regularidad. La revisión sistemática sobre el efecto del estrabismo en la calidad de vida del adulto, con y sin diplopía, lo cuantifica,[4] y otras revisiones y series documentan el deterioro de la calidad de vida y de la salud psicosocial en el estrabismo del adulto.[5,6] La diplopía añade a la limitación funcional un componente de aislamiento social que la agudeza visual no captura, y que las escalas genéricas de baja visión miden mal.[7,8]

La guía europea sobre el deterioro visual en el ictus y las revisiones Cochrane sobre los trastornos de la motilidad ocular por daño cerebral adquirido y sobre los trastornos perceptivos delimitan el marco asistencial y el estado de la evidencia.[9,10,11]

252.1 · Cuándo la diplopía se considera estable

Sección titulada «252.1 · Cuándo la diplopía se considera estable»

Porque determina si se espera o se interviene, y equivocarse en cualquiera de los dos sentidos tiene coste: intervenir sobre un cuadro que iba a recuperarse produce una desviación inversa, y esperar indefinidamente sobre uno que no va a mejorar consume meses de vida del paciente.

Parálisis del sexto par microvascular y traumática. La historia natural de la parálisis del sexto par traumática aguda está descrita y muestra una proporción apreciable de recuperación espontánea en los primeros meses,[12] y se han documentado casos de resolución en la paresia idiopática del adulto joven.[13] El plazo razonable de espera es de seis meses, con revisión periódica.

Parálisis del cuarto par. Los factores clínicos que predicen la recuperación en la parálisis adquirida están descritos,[14] y las características clínicas de la parálisis troclear de comienzo súbito y sus implicaciones terapéuticas están caracterizadas.[15]

Parálisis del tercer par. La recuperación es más lenta e incompleta, y con frecuencia deja regeneración aberrante. El plazo se extiende a nueve o doce meses, y los resultados a largo plazo de la cirugía del estrabismo en la parálisis del tercer par están documentados.[16]

Orbitopatía tiroidea. La regla es distinta: hay que esperar a la inactivación de la enfermedad, no a un plazo fijo, y el manejo actual está sistematizado.[17] La cirugía sobre una orbitopatía activa produce resultados inestables.

Miastenia. No se opera nunca en fase fluctuante, y la variabilidad es el rasgo definitorio del cuadro.[18,19] Es probablemente la causa más importante de indicación quirúrgica errónea en este capítulo.

Tres mediciones separadas por al menos seis semanas, con desviación concordante, es el criterio que funciona en la práctica. Y tres condiciones adicionales:

  • Enfermedad de base inactiva o controlada.
  • Ausencia de fluctuación diurna o con la fatiga, que obliga a descartar miastenia.
  • Estabilidad de la propia queja del paciente, no solo de la medición.

El error frecuente es medir una sola vez y decidir. Una desviación medida en una consulta en la que el paciente estaba cansado o descompensado no es una desviación estable.

No es «esperar»: es tratar el síntoma. Oclusión temporal, prismas de Fresnel provisionales y —cuando procede— toxina botulínica, cuyo papel en las parálisis del tercero, cuarto y sexto par se ha evaluado en metanálisis.[20] Dejar a un paciente con diplopía incapacitante durante seis meses sin ninguna medida es una omisión, no una conducta expectante.

252.2 · Oclusión, filtros y penalizaciones

Sección titulada «252.2 · Oclusión, filtros y penalizaciones»

Es la solución más rápida y la más aceptada, y también la que más se prescribe sin explicar sus inconvenientes.

Lo que resuelve: elimina la diplopía de forma inmediata y total.

Lo que cuesta: pérdida de estereopsis, reducción del campo visual binocular, impacto estético y —punto que se descuida— reducción de la seguridad en los desplazamientos, porque el campo temporal del ojo ocluido desaparece.

Las modalidades, de menos a más visible:

  • Filtro difusor sobre el cristal, que degrada la imagen sin ocluirla del todo y suele tolerarse mejor.
  • Oclusión sectorial, que ocluye solo la zona del campo donde aparece la diplopía y conserva el resto. Es la opción más elegante y la menos usada.
  • Cinta traslúcida o lámina adherida al cristal, reversible y ajustable.
  • Lente de contacto opaca o con pupila oscurecida, en pacientes que rechazan la oclusión visible.
  • Parche, la opción más eficaz y la menos aceptable socialmente.

Es la estrategia que mejor equilibra eficacia y coste funcional en las parálisis oculomotoras, porque en ellas la diplopía suele aparecer solo en una parte del campo. Ocluyendo únicamente ese sector —con lámina translúcida o esmerilado parcial— se conserva la visión binocular en la posición primaria y el campo periférico del otro lado.

La regla de colocación: se ocluye el sector del campo del ojo desviado en el que aparece la segunda imagen, habitualmente el lado hacia el que el ojo no puede mover.

Añadir una lente positiva alta ante el ojo desviado degrada la imagen sin ocluirla, y es reversible. Es útil como prueba antes de una oclusión definitiva y en pacientes que necesitan conservar cierto campo.

Qué ojo. No siempre el desviado: se ocluye el que menos función aporta o el que produce la imagen que más molesta, y eso se decide probando con el paciente, no por regla.

Si es permanente o para situaciones concretas. Muchos pacientes funcionan bien con oclusión solo para leer o para conducir, y eso reduce el coste funcional.

Y una advertencia sobre la conducción: la oclusión monocular tiene implicaciones legales que se desarrollan en el capítulo siguiente, y prescribirla sin mencionarlas es un descuido con consecuencias.

252.3 · Prismas permanentes: prescripción y límites

Sección titulada «252.3 · Prismas permanentes: prescripción y límites»

Los prismas resuelven desviaciones pequeñas, comitantes y estables. Esas tres condiciones son acumulativas y explican por qué fracasan tantas prescripciones.

Desviaciones pequeñas. El límite práctico está en torno a 10-12 dioptrías prismáticas repartidas entre ambos ojos en cristales convencionales; por encima, el peso, el grosor, la aberración cromática y la distorsión periférica hacen la corrección intolerable.

Comitantes. Un prisma corrige una cantidad fija de desviación. Si la desviación cambia con la dirección de la mirada —lo que ocurre en toda parálisis oculomotora— el prisma solo puede corregir una posición, y en las demás produce diplopía o la empeora. Esta es la limitación esencial y la que hay que explicar al paciente antes de prescribir.

Estables, por lo desarrollado en el primer apartado.

Se corrige la posición primaria y de lectura, y se acepta diplopía en las posiciones extremas. Esa es la formulación honesta del objetivo, y presentarla así evita la decepción.

El procedimiento:

  1. Medir la desviación en posición primaria y en la posición de lectura, que suelen diferir.
  2. Probar con prismas de Fresnel durante dos o tres semanas, que son baratos, ajustables y reversibles.
  3. Corregir habitualmente algo menos que la desviación total, permitiendo que la fusión haga el resto.
  4. Repartir entre ambos ojos para reducir el efecto de cada cristal.
  5. Si funciona, pasar a prisma incorporado al cristal.
  • La diplopía torsional no se corrige con prismas, y su manejo es quirúrgico o adaptativo.[21]
  • La diplopía de origen macular —por desplazamiento de fotorreceptores o membrana epirretiniana— responde mal a los prismas y tiene características propias;[22] el tipo de estrabismo asociado y los resultados del tratamiento se han caracterizado.[23]
  • Las desviaciones incomitantes marcadas no son candidatas.
  • La adaptación prismática puede hacer que la desviación aumente con el tiempo, obligando a incrementar la corrección.

Merece mención porque es frecuente, se confunde con una parálisis del sexto par y responde bien a prismas. La insuficiencia de divergencia y la endotropía de la distancia relacionada con la edad tienen características clínicas y resultados terapéuticos descritos,[24,25,26,27] y su comitancia es precisamente lo que las hace corregibles con prisma.

252.4 · Cirugía en la diplopía neurológica estabilizada

Sección titulada «252.4 · Cirugía en la diplopía neurológica estabilizada»

El objetivo quirúrgico, formulado con precisión

Sección titulada «El objetivo quirúrgico, formulado con precisión»

No es la ortotropía: es ampliar el campo de visión única binocular en las posiciones que el paciente usa. Enunciarlo así antes de operar cambia la percepción del resultado, porque un paciente que espera quedar sin diplopía en ninguna posición saldrá insatisfecho de una cirugía técnicamente correcta.

  • Desviación estable superior a la corregible con prismas.
  • Tortícolis compensador incapacitante, con la asimetría facial como signo de cronicidad en la parálisis congénita del cuarto par.[28]
  • Incomitancia marcada que impide la corrección óptica.
  • Fracaso o intolerancia de la corrección prismática.
  • Motivo psicosocial, que es una indicación legítima y con literatura propia: se ha revisado la cirugía del estrabismo por razones psicosociales,[29] y se ha documentado la mejoría de calidad de vida tras la cirugía.[30,31]

⇄ La técnica corresponde a la monografía de Estrabismo. Aquí solo lo que determina la expectativa:

Retroinserción y resección del recto contralateral y del homolateral, en desviaciones moderadas.

Transposiciones musculares en la parálisis completa del sexto par, con resultados descritos para la transposición del recto superior en el síndrome de Duane esotrópico y en la parálisis abducens,[32] y para la transposición del recto inferior como cirugía secundaria en la parálisis adquirida.[33]

Suturas ajustables, cuya comparación con las no ajustables tiene revisión Cochrane, con evidencia limitada para establecer superioridad.[34]

Cirugía por fases y bajo anestesia tópica, que permite ajuste intraoperatorio con el paciente colaborando.[35]

En la orbitopatía tiroidea, la cirugía del estrabismo tiene particularidades propias y se han descrito técnicas de posicionamiento muscular relajado intraoperatorio,[36] con series retrospectivas de manejo quirúrgico.[37]

Toxina botulínica, con su metanálisis en las parálisis del tercero, cuarto y sexto par, útil como puente y en casos seleccionados como tratamiento.[20]

En la parálisis del cuarto par, la anteriorización del oblicuo inferior es una de las opciones descritas para la forma congénita,[38] y la elección técnica depende del patrón de incomitancia y de la hiperfunción asociada.

Merece un apartado breve porque la lógica se invierte en un punto esencial: en el niño el objetivo no es solo suprimir la diplopía sino preservar el desarrollo binocular, y por eso la conducta es más precoz y la oclusión prolongada es indeseable por el riesgo de ambliopía.

La etiología y el tratamiento de la parálisis del sexto par pediátrica están descritos y difieren del adulto en el peso de las causas tumorales y traumáticas,[39] y la asimetría facial de la parálisis congénita del cuarto par señala la cronicidad del tortícolis compensador.[28]

Tres diferencias prácticas: el niño suprime la imagen y con frecuencia no refiere diplopía —de modo que la ausencia de queja no indica ausencia de desviación—; la ambliopía es un riesgo añadido que condiciona la oclusión; y la posición anómala de la cabeza tiene consecuencias musculoesqueléticas y faciales a largo plazo que en el adulto no existen.

En la diplopía intratable —desviaciones enormes, torsión no corregible, pacientes que no toleran ninguna oclusión— se ha descrito la implantación de lente intraocular opaca tras facoemulsificación,[40,41] que suprime la imagen del ojo desviado de forma definitiva. Es irreversible y su indicación debe ser excepcional y muy discutida, pero conviene conocerla porque existen pacientes en los que resuelve un problema que nada más resolvía.

Cinco cosas, y ninguna es técnica:

  • Cuál es el objetivo: campo de visión única en qué posiciones.
  • Que la diplopía en posiciones extremas probablemente persistirá.
  • Que puede hacer falta más de una intervención, sobre todo en la parálisis del tercer par.
  • Que el resultado puede cambiar con el tiempo.
  • Qué se hará si el resultado no es el buscado.

La diplopía tiene un componente de aislamiento social propio. El paciente evita situaciones sociales por la desviación visible, evita conducir, evita moverse en entornos concurridos y —con mucha frecuencia— deja de trabajar antes de lo que su déficit objetivo justificaría.

Las revisiones sistemáticas sobre el impacto del estrabismo en la calidad de vida y en la salud psicosocial del adulto lo documentan,[4,5,6] y la revisión Cochrane sobre intervenciones psicosociales para mejorar la calidad de vida en adultos sometidos a cirugía de estrabismo delimita lo disponible.[42]

Nombrar el impacto. Preguntar explícitamente por el efecto social y laboral, porque el paciente no lo plantea si no se le pregunta —lo considera una queja menor frente a un problema «de la vista».

Definir el objetivo con él. Es la intervención central de todo el capítulo: qué actividades necesita recuperar, en qué orden, y con qué prioridad. Un paciente que elige entre leer y conducir participa en su tratamiento; uno al que se le ofrece «corregir la desviación» solo puede esperar.

Adaptaciones concretas del puesto de trabajo: posición de la pantalla en el campo de visión única, oclusión para tareas específicas, reducción de tareas que exigen visión periférica o estereopsis, pausas.

Información sobre la conducción, con lo que se desarrolla en el capítulo siguiente.

Contacto con otros pacientes, cuando existan recursos disponibles.

Merece describirse porque es la intervención más eficaz del capítulo y no está protocolizada en ninguna parte.

Se hace con el paciente y con una lista de actividades, no con el sinoptómetro. Las preguntas:

  • ¿Qué actividades ha dejado de hacer por la diplopía?
  • De esas, ¿cuáles tres le importan más?
  • ¿En qué posición de mirada ocurren? —leer es mirada inferior; conducir es posición primaria y mirada lateral; bajar escaleras es mirada inferior; hablar con alguien es posición primaria.
  • ¿Prefiere ver bien de frente y aceptar diplopía al mirar a un lado, o al contrario?
  • ¿Tolera la oclusión de un ojo para una actividad concreta?

El resultado de esa conversación es el objetivo terapéutico escrito en la historia, y con él se decide todo lo demás: qué posición se prisma, dónde se coloca la oclusión sectorial, qué se busca de la cirugía.

Y una ventaja añadida que conviene aprovechar: el paciente que ha elegido su objetivo evalúa el resultado por ese criterio y no por la ausencia total de diplopía, lo que mejora la satisfacción con el mismo resultado clínico.

Minimizar el síntoma. «Solo es visión doble» es la frase que más aleja al paciente.

Prometer la resolución completa. Es la causa principal de insatisfacción tras una cirugía correcta.

Prolongar indefinidamente la espera sin medidas sintomáticas, ya señalado.

Prescribir oclusión permanente sin discutir sus consecuencias funcionales, sociales y legales.

Caso 1. Varón de 63 años con parálisis del sexto par derecho de tres meses, diabético, con endotropía de 25 dioptrías en posición primaria. Conducta: esperar hasta los seis meses con medidas sintomáticas —prisma de Fresnel u oclusión sectorial—, con mediciones seriadas. La recuperación espontánea es frecuente.[12,20]

Caso 2. Mujer de 55 años con diplopía vertical de 6 dioptrías, estable en tres mediciones, comitante, por parálisis antigua del cuarto par. Conducta: prisma incorporado, corrigiendo algo menos que la desviación total. Es la candidata ideal.[14,15]

Caso 3. Varón de 47 años con parálisis completa del tercer par tras aneurisma tratado, un año de evolución, con ptosis y desviación de 40 dioptrías. Conducta: cirugía, con objetivo explícito de campo de visión única en posición primaria, advirtiendo de que hará falta más de una intervención y de que la diplopía en posiciones extremas persistirá.[16,35]

Caso 4. Mujer de 68 años con diplopía horizontal en visión lejana, comitante, con motilidad normal. Conducta: sospechar insuficiencia de divergencia y no parálisis bilateral del sexto par. Responde bien a prisma de base externa.[24,25,27]

El plazo óptimo de espera antes de la cirugía. Los plazos habituales —seis meses en el sexto par, nueve a doce en el tercero— proceden de series observacionales y no de comparaciones directas.[12,16]

Las suturas ajustables. La revisión Cochrane no encuentra evidencia suficiente para establecer superioridad sobre las no ajustables.[34]

El papel de la toxina botulínica. El metanálisis muestra efecto, pero la heterogeneidad de dosis, músculos y momentos de aplicación limita las conclusiones.[20]

Las intervenciones psicosociales. La revisión Cochrane señala una base de evidencia limitada.[42]

La lente intraocular opaca. Solo hay series y casos aislados, y su carácter irreversible impide comparaciones.[40,41]

  • El objetivo no es la ortotropía: es un campo de visión única suficiente para las actividades del paciente.
  • Tres mediciones separadas por seis semanas definen la estabilidad; una sola medición no.
  • Nunca se opera una miastenia en fase fluctuante, ni una orbitopatía activa.
  • Esperar no es no hacer nada: prisma temporal, oclusión sectorial o toxina.
  • La oclusión sectorial es la opción más elegante y la menos usada.
  • Los prismas resuelven desviaciones pequeñas, comitantes y estables; las tres condiciones son acumulativas.
  • La diplopía torsional no se corrige con prismas.
  • La endotropía del adulto mayor responde bien a prismas y se confunde con una parálisis del sexto par.
  • Definir el objetivo con el paciente es la intervención central del capítulo.
  • Prometer la resolución completa es la causa principal de insatisfacción tras una cirugía correcta.

La diplopía crónica obliga a un cambio de objetivo que el clínico asume antes que el paciente, y de ahí nacen la mayoría de las insatisfacciones. Durante la fase aguda, todo el esfuerzo se dirige a la causa y la pregunta es «qué tiene». En la fase crónica, la causa ya está resuelta o es irreversible y la pregunta pasa a ser «qué necesita hacer». Esa transición requiere decirse en voz alta: mientras el paciente siga esperando la recuperación, cualquier medida adaptativa le parecerá una renuncia.

Hay además un dato que conviene tener presente al leer este capítulo junto con los anteriores de la sección. La diplopía es, de todos los déficits visuales de origen neurológico, el que mejor responde a intervención —prismas, oclusión, cirugía— y el que peor se aborda en la práctica, precisamente porque su tratamiento exige una conversación previa sobre objetivos que rara vez se tiene. Las herramientas existen y funcionan; lo que falta suele ser la definición del problema.

El capítulo siguiente lleva esa discusión al terreno donde tiene consecuencias legales y no solo funcionales: la conducción, el trabajo y la autonomía.

Estilo Vancouver, numeración por orden de aparición en el texto. Referencias verificadas contra NCBI E-utilities. PMID y, cuando está indexado, DOI.

  1. Cornblath WT. Diplopia due to ocular motor cranial neuropathies. Continuum (Minneap Minn). 2014;20(4 Neuro-ophthalmology):966-80. PMID: 25099103 · DOI: 10.1212/01.CON.0000453309.44766.b4

  2. Glisson CC. Approach to Diplopia. Continuum (Minneap Minn). 2019;25(5):1362-1375. PMID: 31584541 · DOI: 10.1212/CON.0000000000000786

  3. Biousse V, Newman NJ. Diagnosis and clinical features of common optic neuropathies. Lancet Neurol. 2016;15(13):1355-1367. PMID: 27839652 · DOI: 10.1016/S1474-4422(16)30237-X

  4. McBain HB, Au CK, Hancox J, MacKenzie KA, Ezra DG, Adams GG, et al. The impact of strabismus on quality of life in adults with and without diplopia: a systematic review. Surv Ophthalmol. 2014;59(2):185-91. PMID: 24359806 · DOI: 10.1016/j.survophthal.2013.04.001

  5. Chang MY, Velez FG, Demer JL, Isenberg SJ, Coleman AL, Pineles SL. Quality of life in adults with strabismus. Am J Ophthalmol. 2015;159(3):539-44.e2. PMID: 25498355 · DOI: 10.1016/j.ajo.2014.12.003

  6. Buffenn AN. The impact of strabismus on psychosocial health and quality of life: a systematic review. Surv Ophthalmol. 2021;66(6):1051-1064. PMID: 33773997 · DOI: 10.1016/j.survophthal.2021.03.005

  7. Luu W, Kalloniatis M, Bartley E, Tu M, Dillon L, Zangerl B, et al. A holistic model of low vision care for improving vision-related quality of life. Clin Exp Optom. 2020;103(6):733-741. PMID: 32128871 · DOI: 10.1111/cxo.13054

  8. Finger RP, McSweeney SC, Deverell L, O’Hare F, Bentley SA, Luu CD, et al. Developing an instrumental activities of daily living tool as part of the low vision assessment of daily activities protocol. Invest Ophthalmol Vis Sci. 2014;55(12):8458-66. PMID: 25425306 · DOI: 10.1167/iovs.14-14732

  9. Rowe FJ, Hepworth LR, Begoña Coco-Martin M, Gillebert CR, Leal-Vega L, Palmowski-Wolfe A, et al. European Stroke Organisation (ESO) guideline on visual impairment in stroke. Eur Stroke J. 2025;10(4):1087-1159. PMID: 40401755 · DOI: 10.1177/23969873251314693

  10. Rowe FJ, Hanna K, Evans JR, Noonan CP, Garcia-Finana M, Dodridge CS, et al. Interventions for eye movement disorders due to acquired brain injury. Cochrane Database Syst Rev. 2018;3(3):CD011290. PMID: 29505103 · DOI: 10.1002/14651858.CD011290.pub2

  11. Hazelton C, Thomson K, Todhunter-Brown A, Campbell P, Chung CS, Dorris L, et al. Interventions for perceptual disorders following stroke. Cochrane Database Syst Rev. 2022;11(11):CD007039. PMID: 36326118 · DOI: 10.1002/14651858.CD007039.pub3

  12. Holmes JM, Droste PJ, Beck RW. The natural history of acute traumatic sixth nerve palsy or paresis. J AAPOS. 1998;2(5):265-8. PMID: 10646746 · DOI: 10.1016/s1091-8531(98)90081-7

  13. Hussaindeen JR, Mani R, Rakshit A, Ramasubramanian S, Vittal Praveen S. Natural history of idiopathic abducens nerve paresis in a young adult. J Optom. 2016;9(4):264-8. PMID: 27056464 · DOI: 10.1016/j.optom.2016.02.002

  14. Kim JH, Choi HY, Jeon H. Clinical Characteristics for Predicting Recovery of Acquired Fourth Cranial Nerve Palsy. J Neuroophthalmol. 2022;42(2):234-238. PMID: 34860742 · DOI: 10.1097/WNO.0000000000001426

  15. Diora JR, Plager DA. Sudden-onset trochlear nerve palsy: clinical characteristics and treatment implications. J AAPOS. 2019;23(6):321.e1-321.e5. PMID: 31678480 · DOI: 10.1016/j.jaapos.2019.09.011

  16. Merino P, Gutierrez C, de Liaño PG, Srur M. Long term outcomes of strabismus surgery for third nerve palsy. J Optom. 2019;12(3):186-191. PMID: 30600170 · DOI: 10.1016/j.optom.2018.10.004

  17. Wiersinga WM, Eckstein AK, Žarković M. Thyroid eye disease (Graves’ orbitopathy): clinical presentation, epidemiology, pathogenesis, and management. Lancet Diabetes Endocrinol. 2025;13(7):600-614. PMID: 40324443 · DOI: 10.1016/S2213-8587(25)00066-X

  18. Barton JJ, Fouladvand M. Ocular aspects of myasthenia gravis. Semin Neurol. 2000;20(1):7-20. PMID: 10874773 · DOI: 10.1055/s-2000-6829

  19. Shuey NH. Ocular myasthenia gravis: a review and practical guide for clinicians. Clin Exp Optom. 2022;105(2):205-213. PMID: 35157811 · DOI: 10.1080/08164622.2022.2029683

  20. Khalili MR, Roshanshad A, Vardanjani HM. Botulinum Toxin Injection for the Treatment of Third, Fourth, and Sixth Nerve Palsy: A Meta-Analysis. J Pediatr Ophthalmol Strabismus. 2024;61(3):160-171. PMID: 38112391 · DOI: 10.3928/01913913-20231120-02

  21. Miller AM. Torsional Diplopia. Am Orthopt J. 2015;65:21-5. PMID: 26564921 · DOI: 10.3368/aoj.65.1.21

  22. Shippman S, Cohen KR, Heiser L. Macular Diplopia. Am Orthopt J. 2015;65:26-30. PMID: 26564922 · DOI: 10.3368/aoj.65.1.26

  23. Merino P, Cerdán Llach I, Gago Argüello A, Gómez de Liaño P, Yáñez-Merino J. Characteristics and type of strabismus associated to macular diplopia. Treatment outcomes. Arch Soc Esp Oftalmol (Engl Ed). 2024;99(7):275-280. PMID: 38768851 · DOI: 10.1016/j.oftale.2024.05.003

  24. Pineles SL. Divergence Insufficiency Esotropia: Surgical Treatment. Am Orthopt J. 2015;65:35-9. PMID: 26564924 · DOI: 10.3368/aoj.65.1.35

  25. Gómez de Liaño Sánchez P, Olavarri González G, Merino Sanz P, Escribano Villafruela JC. Age-related distance esotropia: Clinical features and therapeutic outcomes. Arch Soc Esp Oftalmol. 2016;91(12):561-566. PMID: 27255989 · DOI: 10.1016/j.oftal.2016.04.004

  26. Reichelt JA, de Decker Dannheim E, de Decker W. [Acquired esotropia at advanced age]. Klin Monbl Augenheilkd. 2006;223(7):610-4. PMID: 16855945 · DOI: 10.1055/s-2006-926604

  27. Holmes JM. Evaluation and Management of Divergence Insufficiency-Type Esotropia. J Binocul Vis Ocul Motil. 2022;72(4):230-233. PMID: 36279481

  28. Akbari MR, Khorrami-Nejad M, Kangari H, Akbarzadeh Baghban A, Ranjbar Pazouki M. Facial Asymmetry in Unilateral Congenital Superior Oblique Muscle Palsy. Optom Vis Sci. 2021;98(11):1248-1254. PMID: 34510148 · DOI: 10.1097/OPX.0000000000001793

  29. Arblaster G, Buckley D, Barnes S, Davis H. Strabismus Surgery for Psychosocial Reasons-A Literature Review. Br Ir Orthopt J. 2024;20(1):107-132. PMID: 38681188 · DOI: 10.22599/bioj.352

  30. Glasman P, Cheeseman R, Wong V, Young J, Durnian JM. Improvement in patients’ quality-of-life following strabismus surgery: evaluation of postoperative outcomes using the Adult Strabismus 20 (AS-20) score. Eye (Lond). 2013;27(11):1249-53. PMID: 23928880 · DOI: 10.1038/eye.2013.174

  31. El Meshad N, Soliman H, Hunt S, Amarakoon S, Ahmad A, Ford R, et al. Psychological and functional outcomes of horizontal squint surgery in adults with no preoperative diplopia using Quality-of-Life AS-20 questionnaire. Br J Ophthalmol. 2024;109(1):152-156. PMID: 39002956 · DOI: 10.1136/bjo-2023-324719

  32. Agarwal R, Sharma M, Saxena R, Sharma P. Surgical outcome of superior rectus transposition in esotropic Duane syndrome and abducens nerve palsy. J AAPOS. 2018;22(1):12-16.e1. PMID: 29199032 · DOI: 10.1016/j.jaapos.2017.10.004

  33. Marchione G, Lambert SR. Inferior rectus transposition as a secondary surgery in patients with acquired abducens nerve palsy. J AAPOS. 2023;27(3):170-172. PMID: 37054964 · DOI: 10.1016/j.jaapos.2023.03.002

  34. Hassan S, Haridas A, Sundaram V. Adjustable versus non-adjustable sutures for strabismus. Cochrane Database Syst Rev. 2018;3(3):CD004240. PMID: 29527670 · DOI: 10.1002/14651858.CD004240.pub4

  35. Franco E, Mancioppi S, Forini E, Franco M, Franco F. Phased strabismus surgery under topical anesthesia. Eur J Ophthalmol. 2024;34(1):89-94. PMID: 37113014 · DOI: 10.1177/11206721231171425

  36. Muste JC, Wang K, Hwang CJ, Perry JD, Traboulsi EI. Outcomes of the intraoperative relaxed muscle positioning technique in strabismus surgery for thyroid eye disease. J AAPOS. 2023;27(6):340.e1-340.e6. PMID: 39115983 · DOI: 10.1016/j.jaapos.2023.09.002

  37. Pichard T, Paillard A, Santallier M, Criniere L, Pierre P, Pisella PJ, et al. [Surgical management of strabismus in dysthyroid orbitopathy: A retrospective single-center study of 32 cases]. J Fr Ophtalmol. 2018;41(8):687-695. PMID: 30217607 · DOI: 10.1016/j.jfo.2017.12.011

  38. Enz TJ, Jaggi GP, Weber KP, Sturm V, Landau K. Inferior oblique muscle anteriorization in congenital superior oblique palsy. Klin Monbl Augenheilkd. 2014;231(4):386-9. PMID: 24771174 · DOI: 10.1055/s-0034-1368234

  39. Merino P, Gómez de Liaño P, Villalobo JM, Franco G, Gómez de Liaño R. Etiology and treatment of pediatric sixth nerve palsy. J AAPOS. 2010;14(6):502-5. PMID: 21168073 · DOI: 10.1016/j.jaapos.2010.09.009

  40. Sandy CJ, Wilson S, Brian Page A, Frazer DG, McGinnity FG, Lee JP. Phacoemulsification and opaque intraocular lens implantation for the treatment of intractable diplopia. Ophthalmic Surg Lasers. 2000;31(5):429-31. PMID: 11011714

  41. Krieger FT, Lambert AC, Alves TC, Arruda Mde F. [Opaque intraocular lens in intractable diplopia: case report]. Arq Bras Oftalmol. 2006;69(4):597-600. PMID: 17119739 · DOI: 10.1590/s0004-27492006000400027

  42. MacKenzie K, Hancox J, McBain H, Ezra DG, Adams G, Newman S. Psychosocial interventions for improving quality of life outcomes in adults undergoing strabismus surgery. Cochrane Database Syst Rev. 2016;2016(5):CD010092. PMID: 27171652 · DOI: 10.1002/14651858.CD010092.pub4