Capítulo 114. Tabaco, alcohol y neuropatía nutricional
Sinopsis
Sección titulada «Sinopsis»«Ambliopía tabaco-alcohol» es probablemente el diagnóstico peor construido de toda esta obra: no es una ambliopía, el tabaco y el alcohol no son la causa en la mayoría de los casos, y su formulación misma invita a cerrar el estudio en cuanto el paciente admite que fuma y bebe. Este capítulo revisa críticamente ese concepto, delimita el papel real del tabaquismo y del alcoholismo, desarrolla los déficits de vitamina B12 y de folato —que son la causa tratable más frecuente y la que se busca tarde—, recorre las neuropatías epidémicas que enseñaron casi todo lo que sabemos del asunto, y termina en el tratamiento y en la respuesta que cabe esperar. La tesis es que la mayoría de los casos así etiquetados son carenciales, y que la carencia se corrige.
Objetivos de aprendizaje
Sección titulada «Objetivos de aprendizaje»Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:
- Exponer críticamente el concepto histórico de ambliopía tabaco-alcohol y sus defectos.
- Delimitar el papel real del tabaquismo y del alcoholismo en la neuropatía óptica.
- Reconocer y estudiar el déficit de vitamina B12 y de folato, con sus marcadores adecuados.
- Situar las neuropatías epidémicas descritas y lo que aportaron al conocimiento.
- Pautar la suplementación y comunicar la respuesta esperable.
Introducción
Sección titulada «Introducción»Hay diagnósticos que sobreviven por comodidad. Este es uno de ellos: describe a un paciente que existe —varón de mediana edad, fumador, bebedor, con pérdida visual bilateral centrocecal— y ofrece una explicación que encaja sin obligar a nada más. Su problema no es que sea siempre falso; es que se adjudica sin pruebas y clausura el estudio, y con ello se pierden dos cosas: los casos que son otra enfermedad —neuropatía de Leber, sobre todo— y los que son un déficit corregible.
El concepto tiene además un defecto de nombre que no es menor. No es una ambliopía: la ambliopía es un trastorno del desarrollo visual por privación o desequilibrio en la infancia, y aquí hay una neuropatía óptica adquirida en un adulto con vía visual madura. Mantener el término confunde a los residentes y confunde a los pacientes, y la literatura histórica sobre el concepto de neuropatía óptica tabáquica ha documentado tanto su origen como su erosión progresiva.[1,2]
Lo que ha cambiado la comprensión del problema son las neuropatías epidémicas: cuando miles de personas en una misma población desarrollan el mismo cuadro a la vez, la hipótesis individual —«fuma y bebe»— deja de servir y aparece lo que estaba debajo, que es casi siempre nutricional. El capítulo se organiza alrededor de esa lección.[3,4]
114.1 Revisión crítica del concepto de ambliopía tabaco-alcohol
Sección titulada «114.1 Revisión crítica del concepto de ambliopía tabaco-alcohol»De dónde viene
Sección titulada «De dónde viene»La descripción es del siglo XIX y se consolidó en la primera mitad del XX: pérdida visual bilateral, indolora, con escotoma centrocecal, en varones fumadores de pipa y consumidores de alcohol. La atribución causal era razonable con el conocimiento de la época, y se propusieron mecanismos —la hipótesis del cianuro del humo de tabaco y su detoxificación dependiente de vitamina B12, sobre todo— que resultaban coherentes.[1]
Qué falla en el concepto
Sección titulada «Qué falla en el concepto»Cuatro objeciones, en orden de peso:
- La mayoría de los fumadores y bebedores no desarrolla neuropatía óptica, ni siquiera con consumos extremos. Una causa que actúa en una fracción mínima de los expuestos no es una causa suficiente, y obliga a buscar el factor que distingue a quienes enferman.
- Cuando se estudia la nutrición de estos pacientes, aparece el déficit. En las series y en los brotes epidémicos en que se buscó activamente, el denominador común no era el tóxico sino la carencia —de vitaminas del grupo B, de folato, de proteínas—, y la corrección nutricional modificaba el curso.[3,4,5]
- La etiqueta oculta otros diagnósticos. El perfil que la sugiere —varón, hábitos tóxicos, pérdida bilateral— es el mismo de la neuropatía óptica hereditaria de Leber, cuya conversión precipitan precisamente el tabaco y el alcohol. Ese solapamiento ha producido errores documentados, y la relación entre neuropatía epidémica y susceptibilidad mitocondrial se estudió directamente por esa razón.[6,7]
- No es una ambliopía, según lo expuesto.
Cómo debe formularse hoy
Sección titulada «Cómo debe formularse hoy»Neuropatía óptica tóxico-nutricional, con dos exigencias:
- Documentar el estado nutricional, no suponerlo. Vitamina B12, folato, homocisteína y ácido metilmalónico son determinaciones baratas y no opcionales.
- Excluir las alternativas, con resonancia y estudio genético cuando no hay respuesta a la corrección, según el capítulo 111.
La etiqueta se convierte así en un diagnóstico con contenido, no en una descripción de hábitos. Y esa reformulación tiene un efecto práctico inmediato: obliga a hacer algo —analítica, suplementación— en lugar de limitarse a recomendar abstinencia.[8,9,10]
114.2 Papel real del tabaquismo y del alcoholismo
Sección titulada «114.2 Papel real del tabaquismo y del alcoholismo»Reformular el concepto no significa exculpar al tabaco y al alcohol. Lo que hace es situarlos donde corresponde: como cofactores y no como causa suficiente.
El tabaco
Sección titulada «El tabaco»- Aporta cianuro en el humo, cuya detoxificación consume vitamina B12 —la hipótesis histórica, que sigue siendo plausible y explica la sinergia con el déficit—.
- Produce estrés oxidativo y compromete la función mitocondrial, con el mismo mecanismo general del capítulo 111.
- Es un factor de conversión demostrado en la neuropatía óptica hereditaria de Leber, según el capítulo 105, lo que confirma que su efecto sobre la célula ganglionar es real aunque insuficiente por sí solo.
- Y se asocia con desnutrición, porque los grandes fumadores suelen serlo también grandes bebedores y comer peor.
Hay casos publicados en los que el consumo de tabaco y alcohol se documenta junto con marcadores de exposición al cianuro y con déficit nutricional, lo que ilustra la superposición de los tres factores.[11,12]
El alcohol
Sección titulada «El alcohol»Su papel es sobre todo indirecto y nutricional, por cinco vías:
- Desplazamiento calórico: las calorías del alcohol sustituyen a la comida.
- Malabsorción por gastritis y por enteropatía.
- Déficit de tiamina, con su propia entidad clínica —capítulo 115—.
- Alteración del metabolismo del folato, tanto en su absorción como en su almacenamiento hepático.
- Hepatopatía, que compromete el almacenamiento y la activación de varias vitaminas.
Y también un efecto directo sobre la función mitocondrial, coherente con el resto de la sección, aunque de contribución difícil de separar de lo anterior.
Cómo se pregunta por el consumo
Sección titulada «Cómo se pregunta por el consumo»La anamnesis de hábitos tóxicos se hace mal con una frecuencia que sorprende, y su rendimiento depende de tres detalles:
- Cuantificar, no calificar. «¿Bebe usted?» produce respuestas inútiles. «¿Cuántos vasos al día, entre semana y el fin de semana?» produce cifras, aunque sean subestimadas.
- Preguntar por el cambio reciente, no solo por el consumo habitual. Un aumento en los meses previos es más informativo que el consumo basal, y aparece con frecuencia asociado a cambios vitales —pérdida de empleo, duelo, aislamiento— que además explican el deterioro nutricional.
- Preguntar por la comida en la misma frase. El consumo importa aquí sobre todo por lo que desplaza: «¿qué comió ayer?» rinde más que cualquier escala de consumo.
Sin actitud moral. Un paciente que percibe reproche minimiza, y el dato se pierde. La pregunta se formula como se formula la de un fármaco: para entender lo que ocurre, no para juzgar.
La conclusión operativa
Sección titulada «La conclusión operativa»En un paciente con hábitos tóxicos y neuropatía óptica bilateral, lo que hay que hacer no es apuntar los hábitos: es medir el estado nutricional y suplementar. La abstinencia se recomienda —y en la neuropatía de Leber es la única prevención— pero por sí sola no es un tratamiento suficiente del cuadro que se tiene delante.
114.3 Déficit de vitamina B12 y de folato
Sección titulada «114.3 Déficit de vitamina B12 y de folato»Por qué importan
Sección titulada «Por qué importan»Son la causa tratable más frecuente de neuropatía óptica en este contexto, y la que más se busca tarde. Ambas vitaminas participan en el metabolismo del carbono único, indispensable para la síntesis de ADN y para la metilación; su déficit compromete la función de la célula ganglionar por un mecanismo que converge, otra vez, en la bioenergética mitocondrial.[8,13]
Las causas del déficit de B12
Sección titulada «Las causas del déficit de B12»| Grupo | Ejemplos |
|---|---|
| Aporte insuficiente | Veganismo sin suplementación, desnutrición, pobreza |
| Malabsorción | Anemia perniciosa, gastritis atrófica, resección gástrica o ileal, cirugía bariátrica (capítulo 115) |
| Fármacos | Metformina, inhibidores de la bomba de protones, antagonistas H2 |
| Inactivación | Óxido nitroso, de uso anestésico y de abuso recreativo, que inactiva irreversiblemente la cobalamina |
| Consumo aumentado | Detoxificación del cianuro del tabaco |
El óxido nitroso merece una mención propia porque su consumo recreativo ha crecido y produce un déficit funcional de B12 con cifras séricas normales, lo que despista por completo si no se piden los marcadores adecuados.
Cómo se diagnostica
Sección titulada «Cómo se diagnostica»Aquí está el error técnico más frecuente del capítulo: la vitamina B12 sérica es un marcador insuficiente. Puede ser normal en presencia de un déficit funcional y baja sin déficit real. Los marcadores con mejor rendimiento son:
- Ácido metilmalónico, que se eleva en el déficit de B12 y no en el de folato: es el que mejor discrimina entre ambos.
- Homocisteína, que se eleva en los dos.
- Holotranscobalamina, la fracción biológicamente activa, con mejor sensibilidad que la B12 total.
Las revisiones sobre biomarcadores y sobre el diagnóstico precoz del déficit de cobalamina detallan su rendimiento comparado, y su lectura conjunta es lo que permite diagnosticar el déficit funcional con B12 sérica en rango.[14,15,16]
Y una regla clínica que ahorra tiempo: ante una neuropatía óptica bilateral centrocecal sin causa clara, no esperar al resultado para suplementar. La suplementación es inocua, barata y no interfiere con nada; retrasarla dos semanas por esperar una analítica es un mal negocio. Basta con extraer las muestras antes de empezar.
Las manifestaciones asociadas
Sección titulada «Las manifestaciones asociadas»El déficit de B12 no es solo ocular, y buscarlas refuerza el diagnóstico:
- Anemia macrocítica, que puede faltar —y su ausencia no descarta el déficit neurológico—.
- Degeneración combinada subaguda de la médula: parestesias, alteración de la sensibilidad profunda, marcha atáxica, signo de Romberg. Puede aparecer incluso con tratamiento profiláctico insuficiente.[17]
- Deterioro cognitivo y alteraciones psiquiátricas.
- Glositis y alteraciones digestivas.
El déficit de folato aislado, sin alcoholismo, también produce neuropatía óptica, y hay casos publicados que lo documentan; y se han descrito presentaciones campimétricas atípicas que imitan una lesión quiasmática, lo que obliga a tener el diagnóstico presente incluso cuando el patrón no es el esperado.[18,19]
114.4 Neuropatía epidémica y brotes descritos
Sección titulada «114.4 Neuropatía epidémica y brotes descritos»Son la mejor evidencia disponible sobre la naturaleza de este grupo de enfermedades, porque un brote proporciona lo que ninguna serie clínica da: una población expuesta, un denominador y una intervención.
La epidemia cubana
Sección titulada «La epidemia cubana»Entre 1991 y 1993 se produjeron decenas de miles de casos de neuropatía óptica, sordera neurosensorial, neuropatía periférica sensitiva y mielopatía dorsolateral, en el contexto de escasez alimentaria. Sus hallazgos oculares, su epidemiología y sus factores de riesgo se caracterizaron con detalle, y la epidemia cedió tras la distribución masiva de suplementos vitamínicos —que es la demostración más contundente de la hipótesis nutricional—.[3,4,5,7,20]
Se estudió además la posible contribución de una susceptibilidad mitocondrial subyacente, con la hipótesis de que el sustrato genético explicara por qué enfermaron unos y no otros; ese trabajo es un antecedente directo del marco conceptual del capítulo 111.[6]
El síndrome de Strachan y las neuropatías tropicales
Sección titulada «El síndrome de Strachan y las neuropatías tropicales»Descrito en Jamaica a finales del siglo XIX, combina neuropatía óptica, sordera y neuropatía periférica dolorosa, y es el mismo cuadro que reaparecería un siglo después en Cuba. Se ha propuesto —con argumentos históricos— reconocer también la contribución de Madan a su caracterización.[21]
La ataxia tropical asociada al consumo de mandioca mal procesada, con exposición crónica a cianuro y déficit proteico concomitante, persiste en comunidades africanas y aporta la conexión con la hipótesis del cianuro. Las revisiones sobre trastornos nutricionales en neurología tropical y sobre mielopatías tropicales sitúan el conjunto.[22,23,24,25]
Los prisioneros de guerra
Sección titulada «Los prisioneros de guerra»Los cuadros descritos en prisioneros del Extremo Oriente durante la Segunda Guerra Mundial —neuropatía óptica, sordera, neuropatía periférica— reproducen el mismo patrón en condiciones de desnutrición extrema, y sus consecuencias a largo plazo se han estudiado décadas después.[26,27]
Lo que enseñan los brotes
Sección titulada «Lo que enseñan los brotes»Cinco lecciones, y todas son transferibles al paciente individual:
- El denominador común es la carencia, no el tóxico. En todos los brotes descritos, el factor compartido por los afectados fue la restricción alimentaria, y los hábitos tóxicos aparecían como agravantes en una parte de ellos.
- La afectación no es solo óptica: sordera neurosensorial y neuropatía periférica acompañan con frecuencia, y buscarlas confirma el diagnóstico en el paciente aislado. Un paciente con neuropatía óptica bilateral y parestesias distales y hipoacusia tiene una enfermedad carencial hasta que se demuestre lo contrario.
- La corrección nutricional funciona, y funciona a escala poblacional, con la rapidez con que lo hizo en Cuba.
- El sustrato individual explica quién enferma. Dentro de una misma población expuesta, solo una fracción desarrolla el cuadro, y esa observación —que en la clínica individual se atribuye al azar— es la que orientó hacia la susceptibilidad mitocondrial.
- La descripción se repite a lo largo de un siglo —Jamaica, prisioneros de guerra, África subsahariana, Cuba— con nombres distintos y el mismo cuadro. Esa persistencia es un argumento a favor de una causa común, y en contra de las explicaciones locales que se dieron cada vez.[21,24,26]
114.5 Tratamiento con suplementación y respuesta esperable
Sección titulada «114.5 Tratamiento con suplementación y respuesta esperable»Qué se administra
Sección titulada «Qué se administra»- Vitamina B12, por vía parenteral al inicio —especialmente ante malabsorción o déficit neurológico—, con pauta de carga y después mantenimiento. La vía oral a dosis altas es una alternativa en el déficit por aporte insuficiente.
- Ácido fólico, siempre después o junto con la B12, nunca antes: el folato aislado puede corregir la anemia y enmascarar un déficit de B12 mientras la lesión neurológica progresa. Es un error clásico y evitable.
- Tiamina y complejo B, especialmente en alcoholismo.
- Corrección nutricional global, con valoración por nutrición cuando el déficit es amplio.
Cómo se documenta la respuesta
Sección titulada «Cómo se documenta la respuesta»Un punto de método que decide la utilidad de todo el capítulo. Para poder afirmar más tarde que un paciente no ha respondido —que es lo que reabre el diagnóstico— hace falta haber documentado dos cosas al principio:
- Una basal completa: agudeza con la mejor corrección, láminas cromáticas falladas, campo con índices numéricos y tomografía macular y peripapilar. «Veía peor» no es una basal.
- Que el tratamiento se ha cumplido: la suplementación parenteral es verificable, la oral no; y la abstinencia declarada por el paciente no equivale a abstinencia. Antes de concluir que el tratamiento ha fracasado hay que descartar que no se haya hecho.
Sin esas dos comprobaciones, el paciente que no mejora entra en un bucle: se le atribuye incumplimiento, se insiste en la abstinencia y el diagnóstico alternativo no llega nunca.
Las medidas asociadas
Sección titulada «Las medidas asociadas»- Abstinencia de tabaco y alcohol, con el argumento del capítulo 111.
- Revisión de la medicación —metformina, inhibidores de la bomba de protones— y del consumo de óxido nitroso.
- Tratamiento de la causa de la malabsorción, si la hay.
- Seguimiento con agudeza, visión cromática, campo y tomografía, con basal documentada.
La respuesta esperable
Sección titulada «La respuesta esperable»Es la información que peor se transmite y merece precisión:
- La mejoría comienza en semanas y continúa durante meses, con la mayor parte del beneficio en los primeros tres a seis meses.
- La recuperación es mejor cuanto más precoz el tratamiento, y peor cuando ya hay adelgazamiento estructural establecido en la tomografía.
- Puede ser completa en casos tratados pronto, y parcial en los de larga evolución.
- La visión cromática y el campo mejoran antes que la agudeza, y su seguimiento permite documentar la respuesta cuando la agudeza aún no se ha movido.
Y el criterio que cierra el capítulo: si a los tres meses de una corrección nutricional completa y documentada no hay ninguna mejoría —ni de agudeza, ni de color, ni de campo—, el diagnóstico es otro. Ese es el momento de la resonancia y del estudio genético, si no se hicieron antes.[2,8,9]
Aplicación clínica
Sección titulada «Aplicación clínica»Varón de 54 años, fumador de 40 cigarrillos y bebedor de un litro de vino diario, con agudeza de 0,3 bilateral y escotomas centrocecales. Se etiqueta de ambliopía tabaco-alcohol y se recomienda abstinencia. A los seis meses no ha mejorado. Nadie había medido la B12, que está baja con ácido metilmalónico elevado; la suplementación parenteral mejora la agudeza a 0,6 en cuatro meses.[8,14]
Mujer de 27 años, consumidora recreativa de óxido nitroso, con parestesias y pérdida visual bilateral. La vitamina B12 sérica es normal; la homocisteína y el ácido metilmalónico están elevados. El déficit era funcional y el marcador habitual no lo detectaba.[15,17]
Varón de 61 años con anemia macrocítica tratada con ácido fólico por su médico, con empeoramiento visual y aparición de parestesias. El folato había corregido la anemia y enmascarado el déficit de B12, cuya lesión neurológica progresó. Es el error clásico del apartado terapéutico.[16,17]
Paciente etiquetado de neuropatía tóxico-nutricional que, tras seis meses de suplementación completa y abstinencia documentadas, no ha mejorado nada. Se pide resonancia —normal— y estudio genético: m.11778G>A. La ausencia de respuesta a un tratamiento correcto era el dato diagnóstico.[6,7]
Comunidad con varios casos simultáneos de pérdida visual, sordera y parestesias en un contexto de carencia alimentaria. El planteamiento deja de ser individual: la intervención es nutricional y colectiva, como demostró la epidemia cubana.[3,4,20]
Controversias y lagunas de evidencia
Sección titulada «Controversias y lagunas de evidencia»La contribución independiente del tabaco y del alcohol sigue sin cuantificarse, y probablemente no sea cuantificable: actúan sobre el mismo mecanismo que la carencia y aparecen casi siempre juntos.[1]
La hipótesis del cianuro es antigua, coherente y nunca demostrada de forma concluyente.[11,23]
El umbral de déficit de B12 que produce neuropatía óptica no está definido, y los marcadores funcionales han desplazado a las cifras séricas sin que exista un punto de corte consensuado.[14,15]
La susceptibilidad individual —por qué unos pacientes con la misma carencia y los mismos hábitos enferman y otros no— sigue siendo la pregunta abierta, con la hipótesis mitocondrial como candidata principal y sin marcador utilizable.[6,12]
No hay ensayos aleatorizados de suplementación en esta indicación, y la evidencia procede de series, de la experiencia de los brotes y de la plausibilidad. Dada la inocuidad del tratamiento, es poco probable que se hagan.
Puntos clave
Sección titulada «Puntos clave»- No es una ambliopía y el tabaco y el alcohol no bastan como causa.[1]
- La formulación correcta es neuropatía óptica tóxico-nutricional, y exige documentar la nutrición.
- La mayoría de los fumadores y bebedores no la desarrolla: falta un factor, y suele ser la carencia.
- El tabaco actúa por cianuro y estrés oxidativo; el alcohol, sobre todo por vía nutricional.
- La B12 sérica es insuficiente como marcador: pedir ácido metilmalónico, homocisteína y holotranscobalamina.[14,15]
- El óxido nitroso produce déficit funcional con B12 normal.
- La ausencia de anemia no descarta el déficit neurológico.
- Nunca dar folato antes que B12: enmascara la anemia y deja progresar la lesión.[16,17]
- Suplementar sin esperar al resultado, tras extraer las muestras.
- Las neuropatías epidémicas demostraron el papel de la carencia y la eficacia de la corrección poblacional.[3,4]
- Buscar sordera y neuropatía periférica, que acompañan con frecuencia.[27]
- La mejoría empieza en semanas y sigue meses; color y campo se mueven antes que la agudeza.
- Si a los tres meses no hay ninguna mejoría, el diagnóstico es otro.
Conclusiones
Sección titulada «Conclusiones»Este capítulo trata de una etiqueta que ha hecho más daño por lo que impide que por lo que afirma. «Ambliopía tabaco-alcohol» describe correctamente a un paciente y explica incorrectamente su enfermedad, y su verdadero problema es que da por terminado el estudio en el momento en que debería empezar. El paciente admite que fuma y bebe, la explicación encaja, y nadie mide una vitamina B12 que cuesta unos euros ni pide una resonancia que descartaría lo demás.
La reformulación que propone el capítulo es sencilla y cambia la conducta. Llamarlo neuropatía óptica tóxico-nutricional obliga a documentar la parte nutricional; documentarla obliga a pedir los marcadores adecuados —no la B12 sérica sola—; y tenerlos obliga a tratar. La suplementación es barata, inocua y a veces devuelve varias líneas de agudeza a un paciente al que se le había dicho que dejara de beber y volviera en seis meses.
Y queda la lección que dejaron las epidemias, que es la más importante y la que se olvida por inverosímil. Cuando decenas de miles de personas desarrollaron el mismo cuadro en Cuba, la explicación no fue que todas fumaran demasiado: fue que todas comían mal. La distribución de vitaminas detuvo una epidemia de ceguera. Ese hecho, además de resolver una controversia científica, dice algo sobre la escala en la que a veces se juega la neurooftalmología, y sobre lo poco que hace falta para cambiar el desenlace cuando se ha entendido la causa.
El capítulo siguiente desarrolla el grupo de déficits que hoy vemos con más frecuencia en países sin escasez alimentaria: los que produce la propia medicina, tras la cirugía bariátrica.
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