Capítulo 37. Perimetría automatizada estándar
Sinopsis
Sección titulada «Sinopsis»Este capítulo trata la prueba que se pide todos los días: qué programas existen, qué rejilla explora qué territorio, qué estrategia elegir, y —lo que más importa en neurooftalmología— cómo se decide qué prueba pedir según la sospecha topográfica. Se desarrollan los programas 10-2, 24-2, 30-2 y los periféricos, las estrategias umbral rápidas, las variantes de longitud de onda corta y de duplicación de frecuencia, y la adaptación de la prueba al paciente neurológico. La tesis del capítulo es que la elección del programa determina lo que se puede encontrar, y que el error más frecuente de la especialidad no es interpretar mal un campo sino pedir el equivocado.
Objetivos de aprendizaje
Sección titulada «Objetivos de aprendizaje»Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:
- Describir las rejillas de exploración habituales y el territorio que cubre cada una.
- Elegir el programa perimétrico según la sospecha topográfica.
- Justificar el uso de la rejilla 10-2 y de los programas periféricos en indicaciones concretas.
- Situar el papel de la perimetría de longitud de onda corta y de duplicación de frecuencia.
- Adaptar la prueba al paciente neurológico con fatiga, déficit atencional o baja visión.
37.1 Programas, rejillas y estrategias
Sección titulada «37.1 Programas, rejillas y estrategias»Las rejillas. Se definen por la extensión que cubren y por la separación entre puntos.
| Programa | Extensión | Separación | Puntos | Uso principal |
|---|---|---|---|---|
| 10-2 | 10° centrales | 2° | 68 | Escotoma central y cecocentral; afectación macular |
| 24-2 | 24° centrales | 6° | 54 | Estándar general; incluye dos puntos nasales a 30° |
| 30-2 | 30° centrales | 6° | 76 | Estándar clásico; más puntos periféricos que 24-2 |
| 60-4 | 30-60° | 12° | 60 | Campo periférico; complementa a los anteriores |
| Esterman binocular | Campo binocular | Variable | 120 | Certificación funcional y conducción |
Los umbrales normales del campo periférico con el programa 60-4 se han establecido en ojos sanos,[1] dato necesario para interpretar una exploración que la mayoría de las consultas usa poco.
Las estrategias. Las bayesianas modernas han sustituido a las de escalera completa. La comparación directa entre las variantes de la familia SITA muestra que las versiones rápidas acortan sustancialmente la duración con resultados globalmente comparables, a costa de una ligera sobreestimación de la sensibilidad y de una menor precisión en los puntos alterados,[2,3] y existen comparaciones clásicas con otras estrategias rápidas.[4,5]
Para la neurooftalmología, la regla práctica es: estrategia rápida en el paciente que no aguanta una prueba larga; estrategia estándar en el resto, y la misma siempre en el seguimiento, porque los valores no son intercambiables.
Un detalle que se pasa por alto: el contorno facial del propio paciente —nariz, ceja prominente, montura— produce artefactos reproducibles en los puntos periféricos, y su influencia se ha analizado de forma específica.[6] Antes de interpretar un defecto nasal superior conviene comprobar si la ceja lo explica.
La preparación de la prueba
Sección titulada «La preparación de la prueba»Cinco decisiones se toman antes de pulsar «iniciar», y las cinco condicionan el resultado.
- La corrección. Adición adecuada a la distancia de la cúpula, calculada para la edad del paciente. Un error de dos dioptrías produce una depresión difusa que imita enfermedad. La corrección de lejos debe ser la actual, no la de hace tres años.
- La lente de prueba y su montura. El aro produce un escotoma anular periférico si está mal centrado o demasiado alejado del ojo. Es el artefacto más reconocible del capítulo 38 y el más fácil de evitar: lente centrada, lo más cerca posible del ojo, y el ojo bien alineado con el eje.
- El estado pupilar. Se anota siempre. Una pupila de menos de 3 mm deprime la sensibilidad,[7] y comparar una prueba hecha en midriasis con otra en miosis produce falsas progresiones. La regla operativa: no dilatar antes de una perimetría salvo que se haga siempre igual.
- El umbral foveal. Conviene activarlo: es información gratuita sobre el punto de máxima densidad ganglionar, y su descenso desproporcionado orienta al haz papilomacular.
- La instrucción y el ensayo previo. Un minuto de demostración reduce los falsos positivos y el efecto de aprendizaje. En el paciente que nunca se ha hecho una perimetría, conviene decirlo en el informe.
Siempre los dos ojos, y siempre el mismo día. Parece obvio y no lo es: en neurooftalmología, la comparación entre ambos ojos es la información —la congruencia, el respeto del meridiano vertical, la asimetría—, y un campo monocular aislado responde a la mitad de las preguntas.
37.2 Elegir la prueba según la sospecha topográfica
Sección titulada «37.2 Elegir la prueba según la sospecha topográfica»Es el apartado más útil del capítulo. La revisión sistemática de las opciones perimétricas en enfermedad neurológica y de los patrones de pérdida asociados[8] y las revisiones de correlación topográfica en perimetría automatizada[9] sostienen la tabla siguiente, que traduce la sospecha en una petición concreta.
| Sospecha | Programa recomendado | Motivo |
|---|---|---|
| Neuropatía óptica tóxica, carencial o mitocondrial | 10-2 en ambos ojos | El escotoma es central o cecocentral y la rejilla 24-2 lo muestrea mal |
| Neuritis óptica | 24-2 o 30-2 | El defecto es difuso o central, pero puede adoptar cualquier patrón |
| Neuropatía óptica isquémica | 24-2 o 30-2 | Defecto altitudinal que respeta el meridiano horizontal |
| Papiledema e hipertensión intracraneal | 24-2 con seguimiento seriado | Aumento de la mancha ciega y constricción nasal inferior |
| Compresión quiasmática | 30-2 o 24-2, ambos ojos | El defecto temporal superior comienza en la periferia media |
| Lesión retroquiasmática | 30-2 y campo periférico si se sospecha creciente temporal | La congruencia y la extensión están fuera de los 24° |
| Sospecha de pérdida no orgánica | Cinética o pruebas de coherencia | La estática no permite comprobar la consistencia |
| Certificación funcional o conducción | Esterman binocular + monocular | Es el criterio normativo |
Dos advertencias sobre esta tabla. La primera: en la compresión quiasmática, el estudio comparado de perimetría cinética periférica frente a estática central muestra que ambas detectan casos que la otra no detecta,[10] de modo que un 24-2 normal en un paciente con adenoma sintomático no excluye afectación. La segunda: en la hipertensión intracraneal, el 24-2 es la prueba con la que se diseñaron y midieron los ensayos de referencia del área, incluido el ensayo aleatorizado que estableció el papel de la acetazolamida[11,12] y la caracterización del perfil basal de esos pacientes,[13] lo que la convierte en la opción con mejor respaldo comparativo.
37.3 El caso particular de la rejilla 10-2
Sección titulada «37.3 El caso particular de la rejilla 10-2»Merece apartado propio porque su indicación es más amplia de lo que la práctica refleja.
El argumento es de muestreo: la rejilla 24-2 tiene sus puntos separados 6° y solo cuatro de ellos caen dentro de los 10° centrales, precisamente donde la densidad de células ganglionares es máxima. Los estudios que compararon ambas rejillas demostraron que existen defectos centrales —paracentrales— visibles con 10-2 y no con 24-2,[14,15] y que el daño macular tiene además repercusión funcional demostrable en condiciones de baja luminancia.[16] Se han desarrollado algoritmos específicos para detectar progresión con esta rejilla,[17] y se han propuesto índices centrales para cuantificarla.[18,19]
Cuándo pedir 10-2 en neurooftalmología, más allá del glaucoma:
- Toda sospecha de neuropatía tóxica o carencial —etambutol, amiodarona, tabaco-alcohol, déficit de B12— cuyo escotoma es cecocentral por definición.
- Neuropatías ópticas hereditarias, en las que el haz papilomacular es el territorio afectado.
- Discrepancia entre agudeza y campo: agudeza muy reducida con 24-2 poco alterado.
- Sospecha de maculopatía frente a neuropatía, junto con la exploración estructural del capítulo 65.
La perimetría binocular y la certificación
Sección titulada «La perimetría binocular y la certificación»El campo binocular no es la suma de los monoculares, y para determinadas decisiones es el único relevante. La prueba de Esterman binocular explora con estímulo supraumbral una rejilla de 120 puntos que abarca el campo útil y devuelve un porcentaje de puntos vistos; es el instrumento con el que las normativas de la mayoría de los países valoran la aptitud para conducir.
Tres precisiones para el neurooftalmólogo:
- Es supraumbral, de modo que no sirve para seguimiento clínico ni detecta defectos relativos. Su finalidad es normativa, no diagnóstica.
- Se realiza sin corrección de cerca y con ambos ojos abiertos, en las condiciones más parecidas posibles a la situación real que pretende valorar.
- Un defecto homónimo la altera de forma característica, mientras que un defecto monocular puede quedar compensado por el otro ojo. Es la razón por la que un paciente con una hemianopsia homónima queda excluido de la conducción y otro con una atrofia óptica unilateral grave puede no quedarlo, resultado que sorprende a los pacientes y conviene saber explicar.
Los índices perimétricos se emplean también como medida de resultado en cirugía de la vía visual, por ejemplo en la patología hipofisaria intervenida.[20]
37.4 Variantes: longitud de onda corta y duplicación de frecuencia
Sección titulada «37.4 Variantes: longitud de onda corta y duplicación de frecuencia»Ambas se diseñaron para detectar daño más precozmente que la perimetría estándar aislando subgrupos de células ganglionares, y ambas han quedado en un papel secundario.
Perimetría de longitud de onda corta. Su rendimiento en enfermedad de la vía se ha explorado, incluido su uso en el tumor hipofisario.[21] Sus dos limitaciones —variabilidad elevada y enorme sensibilidad a la opacidad de medios— la hacen poco práctica en el paciente neurológico, que con frecuencia es mayor y tiene catarata.
Duplicación de frecuencia. Se ha comparado con la perimetría estándar específicamente en enfermedad neurooftalmológica, con concordancia razonable para los defectos densos y menor resolución para los sutiles.[22] Su ventaja es la rapidez y su portabilidad, lo que la sitúa como herramienta de cribado en entornos sin perímetro convencional.
Qué recordar. Ninguna de las dos sustituye a la perimetría automatizada estándar en el seguimiento, porque no existen series normativas ni algoritmos de progresión equiparables; y ninguna debe emplearse para seguir a un paciente que se estudió con la estándar.
37.5 Adaptar la prueba al paciente neurológico
Sección titulada «37.5 Adaptar la prueba al paciente neurológico»El paciente neurooftalmológico difiere del glaucomatoso en aspectos que condicionan la exploración, y adaptarla no es una concesión sino un requisito de calidad.
Fatiga y atención. Estrategia rápida, descansos programados, prueba dividida en dos sesiones si es necesario. Una exploración incompleta por agotamiento produce defectos artefactuales en la periferia y en los últimos puntos explorados —el fenómeno documentado en el capítulo 35—.
Baja visión. Tamaño V, que amplía el rango dinámico útil. Es preferible una prueba con tamaño V interpretable a una con tamaño III en efecto suelo.
Nistagmo y mala fijación. Los índices de fiabilidad se deterioran y el resultado se aplana. Cuando el nistagmo es marcado, la perimetría cinética con vigilancia directa de la fijación rinde más.
Hemianopsia y negligencia. El paciente con negligencia visuoespacial puede no responder a estímulos que ve. Es la razón por la que un defecto homónimo «completo» en un paciente con lesión parietal derecha debe interpretarse con cautela y contrastarse con la exploración clínica del capítulo 31.
Opacidad de medios y pupila. La catarata deprime el campo de forma difusa y altera además los índices globales, efecto medido tanto en perimetría estándar como en las variantes,[23,24] y la miosis reduce la sensibilidad medida.[7] Antes de atribuir una depresión generalizada a la vía visual, hay que descartar el ojo.
Portabilidad y nuevas plataformas. Existen perímetros portátiles y aplicaciones en tableta con comparaciones longitudinales frente al instrumento de referencia,[25,26] y plataformas alternativas evaluadas frente al perímetro convencional.[27] Su lugar se desarrolla en el capítulo 41; aquí basta la advertencia habitual: no se mezcla plataforma dentro de una serie de seguimiento.
Cuándo repetir en el acto. Una regla operativa que ahorra consultas: si la prueba sale con índices de fiabilidad malos y el paciente está aún en el gabinete, se repite en ese momento tras una nueva explicación. Repetirla otro día implica una cita, un desplazamiento y varias semanas de retraso en una decisión que puede ser urgente. La única excepción es la fatiga evidente, en la que repetir inmediatamente solo empeora el resultado.
Cuándo no pedirla. También es una decisión clínica. En el paciente con agudeza de percepción de luz, en el que tiene un deterioro cognitivo que impide comprender la tarea, o en el que ya ha fracasado dos veces, insistir con perimetría estática produce documentos ilegibles y frustración. En esos casos la alternativa no es «no explorar el campo» sino explorarlo de otro modo: cinética, confrontación cuidadosa o valoración funcional.
37.6 Lo que la perimetría estándar ha aportado a la neurooftalmología
Sección titulada «37.6 Lo que la perimetría estándar ha aportado a la neurooftalmología»Conviene recordar que buena parte de lo que sabemos sobre la evolución de las enfermedades de la vía visual procede de perimetrías automatizadas realizadas de forma sistemática en ensayos clínicos.
El ensayo de la neuritis óptica describió el perfil campimétrico de la enfermedad y su evolución al año,[28] documentó la recuperación de la función campimétrica[29] y estableció el efecto del tratamiento corticoideo sobre el curso visual.[30] Análisis posteriores han aplicado técnicas de agrupamiento para cuantificar los patrones de pérdida en la neuritis,[31] y se ha documentado que en la enfermedad asociada a anticuerpos anti-MOG persisten defectos campimétricos significativos pese a una agudeza excelente[32] —un recordatorio de por qué la agudeza es una mala medida de la función en la neuropatía óptica—.
En la hipertensión intracraneal, la desviación media perimétrica fue la variable principal del ensayo de tratamiento,[11] decisión metodológica que consolidó la perimetría como medida de resultado del área.
En la esclerosis múltiple se documentaron defectos campimétricos subclínicos con perimetría automatizada desde muy pronto,[33] y se han estudiado alteraciones paracentrales con fundamento psicofísico específico.[34]
Y en la patología hipofisaria, los índices perimétricos se emplean como medida de resultado quirúrgico.[20] La terminología con la que se informan todos estos hallazgos dispone hoy de consenso.[35]
Qué debe constar en la petición
Sección titulada «Qué debe constar en la petición»El capítulo se resume en una petición bien escrita. Seis campos bastan:
| Campo | Ejemplo |
|---|---|
| Programa | 10-2 |
| Estrategia | SITA estándar |
| Ojos | Ambos, el mismo día |
| Tamaño de estímulo | III (V si agudeza < 0,1) |
| Motivo | Sospecha de neuropatía tóxica por etambutol |
| Comparación | Con la exploración del 12-03-2026, mismo programa |
El último campo es el que convierte una prueba en una serie. Cuando la petición no lo incluye, el gabinete elige el programa disponible o el que se hizo la última vez que alguien lo recordó, y la serie se rompe sin que nadie lo decida.
Conviene añadir una consideración organizativa que excede al clínico individual: el programa y la estrategia deben quedar fijados en el protocolo del servicio para cada indicación, no repetirse en cada petición por memoria. Es la misma lógica del registro estructurado del capítulo 34, aplicada a la exploración funcional.
Frecuencia razonable de las exploraciones
Sección titulada «Frecuencia razonable de las exploraciones»La perimetría es barata en material y cara en tiempo —de gabinete y de paciente—, y su rendimiento depende de repetirla con criterio. Como orientación, y a expensas del desarrollo cuantitativo del capítulo 39:
- Papiledema con pérdida visual establecida: cada dos a cuatro semanas hasta estabilizar; después, cada tres a seis meses.
- Papiledema estable sin pérdida: cada tres a seis meses el primer año.
- Compresión quiasmática no operada en observación: cada seis meses, y de inmediato ante cualquier síntoma nuevo.
- Compresión operada: a las cuatro a seis semanas, a los seis meses y después anualmente.
- Neuropatía tóxica con fármaco mantenido: cada tres meses mientras dure la exposición.
- Neuritis óptica típica: al diagnóstico y a los seis meses; con más frecuencia solo si la evolución no es la esperada.
- Hemianopsia establecida de causa conocida: una exploración basal y otra a los seis meses para documentar la estabilidad; después, solo si cambian los síntomas.
Dos matices. El primero: al principio conviene concentrar las pruebas, porque una línea de base fiable exige más de una exploración, mientras que después el intervalo puede alargarse. El segundo: la frecuencia se ajusta al riesgo de pérdida irreversible, no a la costumbre de la agenda; una paciente con hipertensión intracraneal fulminante puede necesitar perimetría semanal, y ninguna guía lo pone en una tabla.
Aplicación clínica
Sección titulada «Aplicación clínica»Paciente en tratamiento con etambutol y agudeza descendente. Pedir 24-2 es un error frecuente: el escotoma cecocentral se muestrea mal. La petición correcta es 10-2 en ambos ojos, repetida en el seguimiento.
Mujer de 34 años con adenoma hipofisario y 24-2 normal. No se puede concluir que no hay afectación quiasmática: el defecto temporal superior comienza en la periferia media y puede quedar fuera. Procede 30-2 y, si persiste la duda, exploración periférica o cinética.
Paciente con papiledema en seguimiento. 24-2 en cada visita, misma estrategia y mismo aparato. La desviación media es la variable que se compara, y su cambio se interpreta con los criterios del capítulo 39.
Paciente de 82 años con catarata y sospecha de neuropatía isquémica. La depresión generalizada puede ser del cristalino. Se examina el patrón de desviación patrón, que corrige la depresión difusa, y se contrasta con la estructura.
Paciente de 27 años con esclerosis múltiple y agudeza de 1,0 que refiere «ver apagado» un ojo. La agudeza no responde a la queja. Un 24-2 con umbral foveal activado, junto con la sensibilidad al contraste del capítulo 26, documenta con frecuencia lo que el paciente describe, y evita que se le diga que su ojo está normal.
Paciente derivado con «campo visual alterado» hecho en otro centro con una plataforma distinta. No se compara: se explica que la serie empieza de nuevo y se hace una exploración basal con el programa y la estrategia del propio servicio. Anotarlo evita que un tercero interprete el salto como progresión.
Controversias y lagunas de evidencia
Sección titulada «Controversias y lagunas de evidencia»La rejilla 24-2 se pide por defecto también cuando no procede. La evidencia de que existen defectos centrales invisibles para ella es sólida,[14,15] y sin embargo la 10-2 sigue siendo minoritaria fuera del glaucoma. La consecuencia en neurooftalmología es la infradetección del escotoma cecocentral.
Las estrategias rápidas se han validado sobre todo en glaucoma. Las comparaciones disponibles proceden mayoritariamente de esa población,[2,3] y no está establecido que su comportamiento sea equivalente ante un defecto de borde vertical abrupto.
No hay consenso sobre qué programa constituye el estándar en enfermedad neurológica. La revisión sistemática de opciones perimétricas lo señala explícitamente y no puede recomendar una única opción,[8] y la comparación entre técnicas muestra hallazgos complementarios y no sustitutivos.[10]
Los programas periféricos están infrautilizados y mal normalizados. Existen valores de referencia para el 60-4 en ojos sanos,[1] pero su uso rutinario es escaso y no hay algoritmos de progresión equivalentes a los de los programas centrales, de modo que el defecto periférico se documenta pero no se sigue.
La variabilidad en el paciente neurológico sigue sin caracterizarse. Los datos de referencia proceden de glaucoma,[36] y el comportamiento del borde de una hemianopsia —donde la variabilidad podría ser mayor por la propia geometría del defecto— no se ha estudiado con el mismo detalle.
El coste de oportunidad de la prueba mal elegida. Merece señalarse porque rara vez se contabiliza. Una perimetría inadecuada no es solo una prueba perdida: es una decisión retrasada, una cita ocupada, y con frecuencia una falsa tranquilidad. En la neuropatía tóxica por etambutol, un 24-2 normal puede retrasar meses la retirada del fármaco, y ese retraso se traduce en pérdida irreversible. La elección del programa es, en ese sentido, una decisión terapéutica.
Puntos clave
Sección titulada «Puntos clave»-
La elección del programa determina lo que se puede encontrar: pedir mal es el error más frecuente.
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10-2 para el escotoma central y cecocentral; 24-2 o 30-2 como estándar; periféricos cuando el defecto se extiende más allá.
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En la sospecha de compresión quiasmática, un 24-2 normal no excluye afectación.
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En el papiledema, el 24-2 seriado es la prueba con mejor respaldo comparativo.
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Las estrategias rápidas acortan la prueba a costa de precisión en los puntos alterados.
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Tamaño V en baja visión: mejor una prueba interpretable que otra en efecto suelo.
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La catarata y la miosis deprimen el campo; hay que descartar el ojo antes de acusar a la vía.
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No se mezclan plataformas, estrategias ni programas dentro de una misma serie de seguimiento.
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La perimetría automatizada es la variable de resultado de los ensayos de referencia del área.
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La petición debe fijar programa, estrategia, ojos, tamaño de estímulo, motivo y comparación.
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Elegir mal el programa retrasa decisiones terapéuticas: en la neuropatía tóxica, meses.
Conclusiones
Sección titulada «Conclusiones»La perimetría automatizada estándar es la prueba funcional de referencia de la neurooftalmología, y su rendimiento depende menos de la máquina que de la petición. Elegir la rejilla según la topografía sospechada, mantener constantes el programa y la estrategia durante todo el seguimiento, adaptar el tamaño del estímulo al paciente y descartar el ojo antes de atribuir un defecto a la vía resuelven la mayor parte de los problemas prácticos. Los capítulos siguientes desarrollan cómo se interpreta el resultado (38), cómo se distingue la progresión del ruido (39) y qué significa cada patrón (40).
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