Ir al contenido

Capítulo 11. Líquido cefalorraquídeo, meninges y vaina del nervio óptico

CAPÍTULO 011 Sección I Anatomía neurooftalmológica

Este capítulo describe el compartimento líquido en el que está inmerso el nervio óptico y del que dependen tanto el papiledema como buena parte de la discusión actual sobre el glaucoma de tensión normal. Se recorren la producción, la circulación y la absorción del líquido cefalorraquídeo, la anatomía del espacio subaracnoideo perióptico y su comunicación con las cisternas basales, la lámina cribosa como frontera entre dos presiones, el fenómeno de la compartimentalización, y el gradiente de presión translaminar con su repercusión en la enfermedad del nervio óptico. El capítulo cierra con la medida ecográfica de la vaina como estimador de la presión intracraneal y con el fundamento mecánico de la fenestración, que es el único procedimiento de la neurooftalmología que actúa directamente sobre este compartimento.

Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:

  • Describir la producción, la circulación y las vías de absorción del líquido cefalorraquídeo.
  • Explicar la anatomía del espacio subaracnoideo perióptico y su continuidad con las cisternas basales.
  • Definir el gradiente de presión translaminar y justificar su papel en el papiledema y en el glaucoma.
  • Reconocer el concepto de compartimentalización del espacio perióptico y sus consecuencias clínicas.
  • Valorar críticamente la medida ecográfica del diámetro de la vaina como estimador de la presión intracraneal.
  • Explicar el mecanismo propuesto para la fenestración de la vaina del nervio óptico.

El nervio óptico es el único nervio craneal envuelto por las tres meninges y bañado por líquido cefalorraquídeo en todo su trayecto retrobulbar. Esa condición —que lo convierte anatómicamente en una prolongación del sistema nervioso central más que en un nervio periférico— explica la mayor parte de lo que se ve en la papila cuando cambia la presión intracraneal, y es la razón por la que el fondo de ojo funciona como ventana de un compartimento que de otro modo exigiría una punción lumbar para explorarse.

Durante décadas se dio por supuesto que ese compartimento era homogéneo y que la presión del espacio perióptico equivalía a la intracraneal. Los estudios de dinámica del líquido cefalorraquídeo han mostrado que no siempre es así, y ese hallazgo ha reordenado la discusión sobre el papiledema y sobre el glaucoma de tensión normal.[1,2] Este capítulo describe la anatomía y la fisiología del compartimento; las entidades clínicas se desarrollan en la sección XVI y en el capítulo 257.

11.1 Producción, circulación y absorción del líquido cefalorraquídeo

Sección titulada «11.1 Producción, circulación y absorción del líquido cefalorraquídeo»

El líquido cefalorraquídeo se produce mayoritariamente en los plexos coroideos de los ventrículos, circula por el sistema ventricular hasta el espacio subaracnoideo y se absorbe hacia el sistema venoso. Este esquema clásico se ha ido matizando: la producción tiene un componente extracoroideo, la circulación es menos unidireccional de lo que se creía y las vías de absorción son múltiples. La dinámica del líquido cefalorraquídeo se ha revisado sistemáticamente en los últimos años,[3] igual que los mecanismos de producción y absorción[4,5] y su relación con la hidrocefalia.[6]

Las vías de absorción interesan aquí especialmente, porque son el punto de conexión con el capítulo 6. La absorción clásica se produce por las granulaciones aracnoideas hacia los senos venosos durales, de modo que la presión venosa es el punto de apoyo del sistema: si la presión del seno sube, la absorción cae. A esa vía se han añadido las vías linfáticas perineurales y el sistema glinfático, cuyo papel en la fisiopatología de la hipertensión intracraneal idiopática se ha propuesto de forma explícita.[7,8,9] Los sistemas de aclaramiento cerebral en conjunto se han revisado con detalle.[10]

Para el oftalmólogo, la consecuencia práctica es que la presión intracraneal es el resultado de un equilibrio entre producción, circulación y absorción, y que la absorción depende de la presión venosa. De ahí que una trombosis de senos, una estenosis venosa o una fístula puedan producir un papiledema indistinguible del de la hipertensión intracraneal idiopática.

11.2 Las meninges del nervio óptico y el espacio subaracnoideo perióptico

Sección titulada «11.2 Las meninges del nervio óptico y el espacio subaracnoideo perióptico»

El nervio óptico está rodeado por duramadre, aracnoides y piamadre. La duramadre se continúa por delante con la esclera y por detrás con la dura intracraneal; entre la aracnoides y la piamadre queda el espacio subaracnoideo perióptico, relleno de líquido cefalorraquídeo y atravesado por trabéculas y tabiques que lo compartimentan parcialmente.

La organización de estas envolturas tiene tres particularidades con consecuencia clínica. La primera es que la duramadre del nervio se fija firmemente al periostio en el canal óptico, de modo que el nervio queda anclado en ese punto: por eso los movimientos del globo tiran del nervio en su porción intraorbitaria pero no en la intracanalicular, y por eso una tracción brusca transmite su energía justo al punto de anclaje, mecanismo que se invoca en la neuropatía óptica traumática indirecta (capítulo 116). La segunda es que el espacio subaracnoideo perióptico no es un cilindro uniforme: se ensancha en la porción retrobulbar inmediata —el llamado bulbo o segmento distendible— y se estrecha en el canal, de manera que la distensión por hipertensión intracraneal se concentra precisamente donde la ecografía la mide. La tercera es que las trabéculas y tabiques aracnoideos que lo atraviesan no son inertes: son la base anatómica del fenómeno de compartimentalización que se describe a continuación, y su densidad varía de un individuo a otro.

Ese espacio se comunica con las cisternas basales a través del canal óptico, pero la comunicación no es libre. Los estudios de dinámica realizados en pacientes con papiledema demostraron que el intercambio de líquido entre las cisternas y el espacio perióptico está reducido en una proporción apreciable de casos,[1] y esa observación dio lugar al concepto de síndrome compartimental de la vaina del nervio óptico, descrito en series clínicas.[11] La revisión crítica de la fisiopatología del papiledema a la luz de estos hallazgos concluye que la explicación clásica es incompleta,[2] y se ha propuesto que el estancamiento del líquido en el espacio perióptico participe también en el glaucoma de tensión normal.[12] Una revisión sistemática reciente ha comparado las alteraciones del espacio subaracnoideo perióptico por resonancia entre la hipertensión intracraneal idiopática y el glaucoma de tensión normal.[13]

La compartimentalización explica dos observaciones clínicas que de otro modo resultan contradictorias: que existan pacientes con hipertensión intracraneal demostrada sin papiledema —incluso con tumores intracraneales de gran tamaño[14] o con schwannoma vestibular sin hidrocefalia[15]— y que existan papiledemas marcadamente asimétricos. Si el espacio perióptico no transmite la presión, la papila no la refleja.

El mecanismo del edema: estasis del transporte axoplásmico

Sección titulada «El mecanismo del edema: estasis del transporte axoplásmico»

Conviene precisar cómo se convierte una elevación de presión en un disco hinchado, porque la explicación intuitiva —«el nervio se hincha porque le llega más presión»— es incorrecta. El edema de papila del papiledema es fundamentalmente intraaxonal: se produce por detención del transporte axoplásmico a la altura de la lámina cribosa, con acumulación de material en los axones prelaminares y el consiguiente aumento de volumen. El mecanismo se estableció experimentalmente en una serie de trabajos clásicos que siguen siendo la referencia,[16] y la relación entre el comportamiento de los axones y los cambios de aspecto del disco se revisó de forma sistemática.[17]

De esta explicación se siguen tres consecuencias clínicas que se retoman en el capítulo 118. La primera es que el papiledema necesita axones viables para producirse: una papila previamente atrófica no se edematiza, de ahí el falso síndrome de Foster Kennedy. La segunda es que el edema tarda horas o días en instaurarse y semanas en resolverse tras normalizar la presión, de modo que la papila va por detrás de la presión en ambos sentidos. La tercera es que la pérdida visual del papiledema crónico no procede del edema sino de la lesión axonal acumulada, y por eso es irreversible.

Un desarrollo reciente merece mención porque puede modificar el marco de este capítulo. Se ha descrito un sistema de aclaramiento glinfático ocular capaz de eliminar proteínas de la retina hacia el nervio óptico,[18] y se ha caracterizado un sistema linfático ocular compartimentado que media la comunicación inmunitaria entre el ojo y el encéfalo.[19] El papel de los vasos linfáticos en la homeostasis de los fluidos oculares se ha revisado específicamente.[20] Son hallazgos de biología básica sin aplicación clínica todavía, pero apuntan a que el nervio óptico no solo recibe presión del compartimento intracraneal, sino que participa en el aclaramiento de sustancias desde el ojo hacia él.

11.3 La lámina cribosa como frontera entre dos presiones

Sección titulada «11.3 La lámina cribosa como frontera entre dos presiones»

La lámina cribosa es el único punto del organismo donde dos compartimentos de presión distinta se enfrentan a través de una estructura de pocas centenas de micras: por delante, la presión intraocular; por detrás, la presión del líquido cefalorraquídeo perióptico. La diferencia entre ambas es el gradiente de presión translaminar, y sobre ella se ha construido buena parte de la teoría moderna de la enfermedad del disco óptico.

La influencia de la presión del líquido cefalorraquídeo sobre el gradiente de presión tisular en la lámina se demostró experimentalmente hace décadas,[21] y desde entonces el concepto se ha desarrollado en varias direcciones: como hipótesis de gradiente bajo en el glaucoma de tensión normal,[22] como marco unificador de la enfermedad del disco,[23] y como objeto de revisión sistemática de sus efectos.[24,25] Su cuantificación continua se ha logrado mediante telemetría inalámbrica en primates no humanos.[26] Paralelamente, se ha estudiado el papel de las propiedades biomecánicas de la propia lámina —rigidez y fibrosis— como determinantes de la excavación glaucomatosa.[27] La hipótesis glinfática del glaucoma, que sitúa el problema en el estancamiento del aclaramiento a nivel de la lámina, es una elaboración reciente de estas mismas ideas.[28,29]

Las consecuencias conceptuales son dos y conviene enunciarlas con precisión. La primera es que el daño del disco depende de una diferencia, no de un valor absoluto: una presión intraocular normal con una presión de líquido cefalorraquídeo baja produce el mismo gradiente que una presión intraocular elevada con presión de líquido normal. La segunda es la simétrica: cuando la presión retrolaminar sube, el gradiente se invierte y aparece el papiledema, por estasis del transporte axoplásmico en la lámina. Ambos fenómenos son manifestaciones del mismo principio físico en direcciones opuestas.

Conviene añadir, sin embargo, una advertencia metodológica que la propia literatura del campo ha formulado: los estudios sobre líquido cefalorraquídeo y enfermedad ocular arrastran problemas de diseño recurrentes —medidas indirectas, poblaciones seleccionadas, confusión entre correlación y causalidad— que limitan la solidez de las conclusiones.[30]

11.4 La medida de la vaina como estimador de presión

Sección titulada «11.4 La medida de la vaina como estimador de presión»

Si el espacio perióptico se distiende cuando sube la presión intracraneal, su diámetro debería servir para estimarla sin punción. Esa es la lógica de la medida ecográfica del diámetro de la vaina del nervio óptico, que se ha convertido en una herramienta habitual en medicina intensiva y en urgencias.

La evidencia disponible es amplia. Los metaanálisis muestran una capacidad diagnóstica apreciable para detectar presión intracraneal elevada,[31,32] y existen revisiones específicas sobre su aplicación en el traumatismo craneal[33] y sobre los avances técnicos de la medida.[34] Los estudios de validación frente a medida invasiva confirman la correlación.[35]

Conviene situar esta medida en el contexto más amplio de la monitorización no invasiva de la presión intracraneal, que incluye el Doppler transcraneal, la otoacústica, el análisis de la onda de pulso y la propia papila. Las revisiones críticas del conjunto de métodos coinciden en que ninguno sustituye a la medida invasiva y en que su utilidad está en el cribado y en el seguimiento de tendencias, no en la obtención de un valor absoluto.[36,37] La interpretación de la propia medida invasiva —forma de onda, amplitud de pulso, distensibilidad— tiene además una riqueza que la cifra media no recoge.[38]

Sus limitaciones, sin embargo, son estructurales y derivan directamente de la anatomía descrita en este capítulo. El diámetro de la vaina depende no solo de la presión sino de la distensibilidad de la propia vaina, que varía entre individuos y con la cronicidad; una vaina que ha estado distendida largo tiempo no recupera su calibre al normalizarse la presión, de modo que la medida sirve mejor para detectar elevación aguda que para seguir la evolución. Y si el espacio está compartimentalizado, el diámetro puede no reflejar la presión intracraneal en absoluto. Su aplicación clínica se detalla en los capítulos 55 y 238.

11.5 El fundamento mecánico de la fenestración

Sección titulada «11.5 El fundamento mecánico de la fenestración»

La fenestración de la vaina del nervio óptico consiste en practicar aberturas en la duramadre perióptica para descomprimir el espacio subaracnoideo. Es el único procedimiento de la neurooftalmología que actúa directamente sobre este compartimento, y su mecanismo se estudió experimentalmente en los años ochenta y noventa mediante modelos de flujo.[39,40]

La explicación aceptada combina dos efectos: un drenaje inmediato que descomprime la porción retrolaminar del nervio, y una fibrosis cicatricial posterior que mantiene la descompresión al aislar parcialmente el segmento anterior del nervio de la presión del resto del sistema. Esa segunda parte explica dos hechos clínicos: que el efecto sea predominantemente local —mejora la papila operada y a veces la contralateral, pero no la cefalea— y que pueda perderse con el tiempo si la fibrosis se hace excesiva.

El procedimiento se ha revisado en el contexto del pseudotumor cerebri[41,42] y se ha propuesto recientemente un enfoque basado en el mecanismo para la descompresión del nervio en trastornos del flujo de líquido cefalorraquídeo más allá de la hipertensión intracraneal idiopática.[43] La técnica y sus resultados se desarrollan en el capítulo 257.

Ante un papiledema asimétrico. No es necesariamente una anomalía diagnóstica: la compartimentalización del espacio perióptico y las diferencias anatómicas entre ambos nervios pueden producirlo. Lo que sí obliga es a descartar una causa local en el ojo menos afectado, en particular una atrofia previa que impida el desarrollo del edema.

Ante una hipertensión intracraneal demostrada sin papiledema. Es posible y está documentado. No invalida el diagnóstico ni justifica repetir la punción; obliga a seguir el caso por otros parámetros y a no usar la ausencia de edema como criterio de resolución.

Ante una medida ecográfica de la vaina. Debe interpretarse como estimación de elevación aguda, no como medida de presión ni como parámetro de seguimiento. Una vaina distendida en un paciente con hipertensión intracraneal crónica puede no reflejar la presión actual.

Ante un paciente con glaucoma de tensión normal. El marco del gradiente translaminar sugiere que una presión de líquido cefalorraquídeo baja podría contribuir, pero no existe ninguna medida clínica ni intervención derivada de ello. Conviene no trasladar al paciente una hipótesis fisiopatológica como si fuera un diagnóstico.

Ante un paciente en el que se sospecha hipertensión intracraneal y la papila es normal. No se descarta el diagnóstico. Se valoran los demás signos —oscurecimientos visuales transitorios, acúfeno pulsátil, cefalea postural, parálisis del VI par— y se completa el estudio de imagen y, si procede, la punción lumbar. La ausencia de papiledema es compatible con presión elevada.

Ante un papiledema que no mejora tras normalizar la presión. La resolución del edema lleva semanas y va por detrás de la presión. Un edema persistente en las primeras semanas no significa fracaso terapéutico; lo que sí obliga a actuar es el deterioro campimétrico, que es el parámetro de seguimiento válido.

Ante un disco atrófico en un paciente con hipertensión intracraneal. Ese ojo ya no puede desarrollar papiledema y por tanto no sirve para monitorizar. El seguimiento debe apoyarse en el ojo contralateral, en el campo visual y en la clínica, no en el aspecto de la papila atrófica.

La compartimentalización del espacio perióptico está documentada pero su frecuencia no está establecida. Los estudios que la demostraron[1,11] proceden de series limitadas y con metodología específica, y no existe una técnica de uso clínico que permita identificarla en un paciente concreto. Explica observaciones que de otro modo no se entienden, pero no puede usarse aún como categoría diagnóstica.

La hipótesis del gradiente translaminar bajo en el glaucoma de tensión normal no está demostrada. Es coherente, está respaldada por medidas experimentales[21,26] y ha generado una literatura considerable,[22,23,25] pero las medidas de presión de líquido cefalorraquídeo en humanos son indirectas o invasivas y los estudios adolecen de problemas de diseño reconocidos.[30] Ninguna intervención terapéutica se deriva de ella hoy.

La hipótesis glinfática es una propuesta, no un mecanismo establecido. Su formulación para el glaucoma[28,29] y para la hipertensión intracraneal[9] es plausible y unifica observaciones dispersas, pero la demostración directa del sistema glinfático en el nervio óptico humano sigue pendiente.

El diámetro de la vaina no distingue elevación aguda de crónica. Los metaanálisis miden rendimiento diagnóstico frente a presión elevada,[31,32] no capacidad de seguimiento, y la literatura tiende a presentar ambos usos como equivalentes cuando no lo son.

  • El nervio óptico es el único nervio craneal envuelto por las tres meninges y bañado por líquido cefalorraquídeo: anatómicamente es una prolongación del sistema nervioso central.
  • La absorción del líquido cefalorraquídeo depende de la presión venosa, y por eso una obstrucción venosa produce un papiledema indistinguible del de la hipertensión intracraneal idiopática.
  • La comunicación entre las cisternas basales y el espacio perióptico no es libre: puede compartimentalizarse, y entonces la papila deja de reflejar la presión intracraneal.
  • Existen pacientes con hipertensión intracraneal demostrada y sin papiledema, incluso con tumores intracraneales de gran tamaño: la ausencia de edema no descarta la elevación de presión.
  • El daño del disco depende del gradiente translaminar, es decir, de una diferencia de presiones y no de un valor absoluto.
  • Cuando la presión retrolaminar supera a la intraocular, el gradiente se invierte y aparece el papiledema por estasis del transporte axoplásmico.
  • El edema del papiledema es intraaxonal y se debe a la detención del transporte axoplásmico en la lámina cribosa, no a una transmisión directa de presión al tejido.
  • El papiledema necesita axones viables para producirse: una papila previamente atrófica no se edematiza, y de ahí el falso síndrome de Foster Kennedy.
  • La papila va por detrás de la presión en ambos sentidos: el edema tarda en aparecer y semanas en resolverse tras normalizar la presión intracraneal.
  • Ningún método no invasivo de estimación de la presión intracraneal sustituye a la medida directa: su utilidad está en el cribado y en las tendencias, no en el valor absoluto.
  • El diámetro ecográfico de la vaina estima elevación aguda de presión, pero no sirve como parámetro de seguimiento porque la vaina distendida no recupera su calibre.
  • La fenestración actúa por drenaje inmediato y por fibrosis cicatricial posterior: su efecto es local sobre el nervio operado y no resuelve la cefalea.
  • La hipótesis del gradiente translaminar bajo en el glaucoma de tensión normal es coherente y está bien argumentada, pero no ha generado hasta hoy ninguna intervención terapéutica.
  • Los estudios sobre líquido cefalorraquídeo y enfermedad ocular arrastran problemas de diseño reconocidos que obligan a leer sus conclusiones con cautela.

El compartimento de líquido cefalorraquídeo que rodea al nervio óptico es el elemento que convierte el fondo de ojo en una ventana del interior del cráneo, y esa es su utilidad clínica principal. Pero la ventana no es transparente: la transmisión de presión desde las cisternas al espacio perióptico puede estar limitada, y de ahí que existan hipertensiones intracraneales sin papiledema y papiledemas asimétricos que la explicación clásica no predice.

El concepto de gradiente translaminar ha unificado dos enfermedades que la clínica trataba por separado: el papiledema y la neuropatía glaucomatosa son, desde este punto de vista, expresiones opuestas del mismo desequilibrio a través de la misma estructura. Es una idea fértil y bien argumentada, y conviene sostenerla como lo que es —un marco explicativo con respaldo experimental y sin traducción terapéutica todavía—, sin convertirla prematuramente en un criterio de manejo.

Estilo Vancouver, numeración por orden de aparición en el texto. Referencias verificadas contra NCBI E-utilities. PMID y, cuando está indexado, DOI.

  1. Killer HE, Jaggi GP, Miller NR, Huber AR, Landolt H, Mironov A, et al. Cerebrospinal fluid dynamics between the basal cisterns and the subarachnoid space of the optic nerve in patients with papilloedema. Br J Ophthalmol. 2011;95(6):822-7. PMID: 20956279 · DOI: 10.1136/bjo.2010.189324

  2. Killer HE, Jaggi GP, Miller NR. Papilledema revisited: is its pathophysiology really understood?. Clin Exp Ophthalmol. 2009;37(5):444-7. PMID: 19624339 · DOI: 10.1111/j.1442-9071.2009.02059.x

  3. Yamada S. Cerebrospinal fluid dynamics. Croat Med J. 2021;62(4):399-410. PMID: 34472743 · DOI: 10.3325/cmj.2021.62.399

  4. Miyajima M, Arai H. Evaluation of the Production and Absorption of Cerebrospinal Fluid. Neurol Med Chir (Tokyo). 2015;55(8):647-56. PMID: 26226980 · DOI: 10.2176/nmc.ra.2015-0003

  5. Pollay M. Review of spinal fluid physiology: production and absorption in relation to pressure. Clin Neurosurg. 1977;24:254-69. PMID: 338229 · DOI: 10.1093/neurosurgery/24.cn_suppl_1.254

  6. Leinonen V, Vanninen R, Rauramaa T. Cerebrospinal fluid circulation and hydrocephalus. Handb Clin Neurol. 2017;145:39-50. PMID: 28987185 · DOI: 10.1016/B978-0-12-802395-2.00005-5

  7. Mondejar V, Patsalides A. The Role of Arachnoid Granulations and the Glymphatic System in the Pathophysiology of Idiopathic Intracranial Hypertension. Curr Neurol Neurosci Rep. 2020;20(7):20. PMID: 32444998 · DOI: 10.1007/s11910-020-01044-4

  8. Bateman GA, Siddique SH. Cerebrospinal fluid absorption block at the vertex in chronic hydrocephalus: obstructed arachnoid granulations or elevated venous pressure?. Fluids Barriers CNS. 2014;11:11. PMID: 24955236 · DOI: 10.1186/2045-8118-11-11

  9. Bezerra MLS, Ferreira ACAF, de Oliveira-Souza R. Pseudotumor Cerebri and Glymphatic Dysfunction. Front Neurol. 2017;8:734. PMID: 29387036 · DOI: 10.3389/fneur.2017.00734

  10. Tarasoff-Conway JM, Carare RO, Osorio RS, Glodzik L, Butler T, Fieremans E, et al. Clearance systems in the brain-implications for Alzheimer disease. Nat Rev Neurol. 2015;11(8):457-70. PMID: 26195256 · DOI: 10.1038/nrneurol.2015.119

  11. Hao J, Pircher A, Miller NR, Hsieh J, Remonda L, Killer HE. Cerebrospinal fluid and optic nerve sheath compartment syndrome: A common pathophysiological mechanism in five different cases?. Clin Exp Ophthalmol. 2020;48(2):212-219. PMID: 31648390 · DOI: 10.1111/ceo.13663

  12. Killer HE. Is stagnant cerebrospinal fluid involved in the pathophysiology of normal tension glaucoma. Prog Brain Res. 2020;256(1):209-220. PMID: 32958213 · DOI: 10.1016/bs.pbr.2020.06.004

  13. Singapurwala H, Gupta S, Rathva A. MRI-based evaluation of cerebrospinal fluid dynamics and optic nerve subarachnoid space alterations in idiopathic intracranial hypertension and normal tension glaucoma: a systematic review. BMC Med Imaging. 2026;26(1). PMID: 42168901 · DOI: 10.1186/s12880-026-02366-4

  14. Donaldson L, Margolin E. Absence of papilledema in large intracranial tumours. J Neurol Sci. 2021;428:117604. PMID: 34384969 · DOI: 10.1016/j.jns.2021.117604

  15. Mishra R, Konar SK, Shrivastava A, Agrawal A, Nair S. Systematic scoping review of papilledema in vestibular schwannoma without hydrocephalus. Br J Neurosurg. 2023;37(2):127-136. PMID: 35174747 · DOI: 10.1080/02688697.2022.2039376

  16. Hayreh SS. Optic disc edema in raised intracranial pressure. V. Pathogenesis. Arch Ophthalmol. 1977;95(9):1553-65. PMID: 71138 · DOI: 10.1001/archopht.1977.04450090075006

  17. Wirtschafter JD. Optic nerve axons and acquired alterations in the appearance of the optic disc. Trans Am Ophthalmol Soc. 1983;81:1034-91. PMID: 6203209

  18. Wang X, Lou N, Eberhardt A, Yang Y, Kusk P, Xu Q, et al. An ocular glymphatic clearance system removes β-amyloid from the rodent eye. Sci Transl Med. 2020;12(536). PMID: 32213628 · DOI: 10.1126/scitranslmed.aaw3210

  19. Yin X, Zhang S, Lee JH, Dong H, Mourgkos G, Terwilliger G, et al. Compartmentalized ocular lymphatic system mediates eye-brain immunity. Nature. 2024;628(8006):204-211. PMID: 38418880 · DOI: 10.1038/s41586-024-07130-8

  20. Subileau M, Vittet D. Lymphatics in Eye Fluid Homeostasis: Minor Contributors or Significant Actors?. Biology (Basel). 2021;10(7). PMID: 34201989 · DOI: 10.3390/biology10070582

  21. Morgan WH, Yu DY, Cooper RL, Alder VA, Cringle SJ, Constable IJ. The influence of cerebrospinal fluid pressure on the lamina cribrosa tissue pressure gradient. Invest Ophthalmol Vis Sci. 1995;36(6):1163-72. PMID: 7730025

  22. Guy AH, Wiggs JL, Turalba A, Pasquale LR. Translating the Low Translaminar Cribrosa Pressure Gradient Hypothesis into the Clinical Care of Glaucoma. Semin Ophthalmol. 2016;31(1-2):131-9. PMID: 26959138 · DOI: 10.3109/08820538.2015.1114855

  23. Liu KC, Fleischman D, Lee AG, Killer HE, Chen JJ, Bhatti MT. Current concepts of cerebrospinal fluid dynamics and the translaminar cribrosa pressure gradient: a paradigm of optic disk disease. Surv Ophthalmol. 2020;65(1):48-66. PMID: 31449832 · DOI: 10.1016/j.survophthal.2019.08.005

  24. Jóhannesson G, Eklund A, Lindén C. Intracranial and Intraocular Pressure at the Lamina Cribrosa: Gradient Effects. Curr Neurol Neurosci Rep. 2018;18(5):25. PMID: 29651628 · DOI: 10.1007/s11910-018-0831-9

  25. Price DA, Harris A, Siesky B, Mathew S. The Influence of Translaminar Pressure Gradient and Intracranial Pressure in Glaucoma: A Review. J Glaucoma. 2020;29(2):141-146. PMID: 31809396 · DOI: 10.1097/IJG.0000000000001421

  26. Jasien JV, Fazio MA, Samuels BC, Johnston JM, Downs JC. Quantification of Translaminar Pressure Gradient (TLPG) With Continuous Wireless Telemetry in Nonhuman Primates (NHPs). Transl Vis Sci Technol. 2020;9(12):18. PMID: 33240571 · DOI: 10.1167/tvst.9.12.18

  27. Hopkins AA, Murphy R, Irnaten M, Wallace DM, Quill B, O’Brien C. The role of lamina cribrosa tissue stiffness and fibrosis as fundamental biomechanical drivers of pathological glaucoma cupping. Am J Physiol Cell Physiol. 2020;319(4):C611-C623. PMID: 32667866 · DOI: 10.1152/ajpcell.00054.2020

  28. Wostyn P, Van Dam D, Audenaert K, Killer HE, De Deyn PP, De Groot V. A new glaucoma hypothesis: a role of glymphatic system dysfunction. Fluids Barriers CNS. 2015;12:16. PMID: 26118970 · DOI: 10.1186/s12987-015-0012-z

  29. Wostyn P, De Groot V, Van Dam D, Audenaert K, Killer HE, De Deyn PP. The Glymphatic Hypothesis of Glaucoma: A Unifying Concept Incorporating Vascular, Biomechanical, and Biochemical Aspects of the Disease. Biomed Res Int. 2017;2017:5123148. PMID: 28948167 · DOI: 10.1155/2017/5123148

  30. Machiele R, Frankfort BJ, Killer HE, Fleischman D. Problems in CSF and Ophthalmic Disease Research. Front Ophthalmol (Lausanne). 2022;2:896680. PMID: 38983539 · DOI: 10.3389/fopht.2022.896680

  31. Robba C, Santori G, Czosnyka M, Corradi F, Bragazzi N, Padayachy L, et al. Optic nerve sheath diameter measured sonographically as non-invasive estimator of intracranial pressure: a systematic review and meta-analysis. Intensive Care Med. 2018;44(8):1284-1294. PMID: 30019201 · DOI: 10.1007/s00134-018-5305-7

  32. Aletreby W, Alharthy A, Brindley PG, Kutsogiannis DJ, Faqihi F, Alzayer W, et al. Optic Nerve Sheath Diameter Ultrasound for Raised Intracranial Pressure: A Literature Review and Meta-analysis of its Diagnostic Accuracy. J Ultrasound Med. 2022;41(3):585-595. PMID: 33893746 · DOI: 10.1002/jum.15732

  33. Martínez-Palacios K, Vásquez-García S, Fariyike OA, Robba C, Rubiano AM. Using Optic Nerve Sheath Diameter for Intracranial Pressure (ICP) Monitoring in Traumatic Brain Injury: A Scoping Review. Neurocrit Care. 2024;40(3):1193-1212. PMID: 38114797 · DOI: 10.1007/s12028-023-01884-1

  34. Fan WZ, Jiang JR, Zang HL, Shen XH, Cheng H, Yang WJ, et al. Advancements in Ultrasound Techniques for Evaluating Intracranial Pressure Through Optic Nerve Sheath Diameter Measurement. World Neurosurg. 2024;189:285-290. PMID: 38906474 · DOI: 10.1016/j.wneu.2024.06.087

  35. Wang LJ, Chen HX, Chen Y, Yu ZY, Xing YQ. Optic nerve sheath diameter ultrasonography for elevated intracranial pressure detection. Ann Clin Transl Neurol. 2020;7(5):865-868. PMID: 32383326 · DOI: 10.1002/acn3.51054

  36. Moraes FM, Silva GS. Noninvasive intracranial pressure monitoring methods: a critical review. Arq Neuropsiquiatr. 2021;79(5):437-446. PMID: 34161530 · DOI: 10.1590/0004-282X-ANP-2020-0300

  37. Canac N, Jalaleddini K, Thorpe SG, Thibeault CM, Hamilton RB. Review: pathophysiology of intracranial hypertension and noninvasive intracranial pressure monitoring. Fluids Barriers CNS. 2020;17(1):40. PMID: 32576216 · DOI: 10.1186/s12987-020-00201-8

  38. Czosnyka M, Pickard JD. Monitoring and interpretation of intracranial pressure. J Neurol Neurosurg Psychiatry. 2004;75(6):813-21. PMID: 15145991 · DOI: 10.1136/jnnp.2003.033126

  39. Seiff SR, Shah L. A model for the mechanism of optic nerve sheath fenestration. Arch Ophthalmol. 1990;108(9):1326-9. PMID: 2400350 · DOI: 10.1001/archopht.1990.01070110142039

  40. Bazarian RA, Burde RM. Mechanism of optic nerve sheath fenestration. Arch Ophthalmol. 1991;109(5):613. PMID: 2025154 · DOI: 10.1001/archopht.1991.01080050019007

  41. Brazis PW. Pseudotumor cerebri. Curr Neurol Neurosci Rep. 2004;4(2):111-6. PMID: 14984682 · DOI: 10.1007/s11910-004-0024-6

  42. Lee AG, Wall M. Papilledema: are we any nearer to a consensus on pathogenesis and treatment?. Curr Neurol Neurosci Rep. 2012;12(3):334-9. PMID: 22354546 · DOI: 10.1007/s11910-012-0257-8

  43. Prokop K, Opęchowska A, Sawicki K, Zarzecki M, Sieśkiewicz A, Łysoń T. Beyond idiopathic intracranial hypertension: optic nerve decompression for vision preservation in cerebrospinal fluid flow disorders. A mechanism-based approach. J Neurosurg. 2026;144(4):846-856. PMID: 41349016 · DOI: 10.3171/2025.8.JNS251211