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Capítulo 143. Negligencia visual y trastornos de la atención

CAPÍTULO 143 Sección XIX Trastornos visuales de orden superior

La negligencia espacial no es un defecto de campo: es un defecto de atención. El paciente puede ver el lado izquierdo y no lo mira, no lo busca y no lo tiene en cuenta, hasta el punto de comer solo la mitad del plato o afeitarse solo media cara. Se confunde con la hemianopsia constantemente, y esa confusión importa porque el pronóstico funcional y la rehabilitación son completamente distintos: el hemianópsico compensa girando la cabeza, el negligente no —porque no sabe que le falta algo—. Este capítulo desarrolla el concepto y sus variantes, la diferenciación de la hemianopsia, las pruebas de cribado aplicables en la consulta, la extinción visual y sus mecanismos, y la repercusión funcional con las opciones de rehabilitación y su evidencia real.

Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:

  • Definir la negligencia espacial unilateral y sus variantes.
  • Diferenciarla de la hemianopsia con criterios clínicos.
  • Aplicar pruebas de cribado breves en la consulta oftalmológica.
  • Reconocer la extinción visual y explicar su mecanismo.
  • Valorar la repercusión funcional y orientar la rehabilitación con criterio.

Este capítulo trata del trastorno visual de orden superior con peor pronóstico funcional de toda la sección y con más impacto sobre la recuperación tras un ictus. Y trata también de una confusión diagnóstica que se comete a diario: atribuir a hemianopsia lo que es negligencia, o al revés.

La distinción no es académica. Un paciente con hemianopsia izquierda aprende, con o sin entrenamiento, a girar la cabeza hacia la izquierda; un paciente con negligencia izquierda no gira la cabeza porque para él la izquierda no existe. El primero come de todo el plato; el segundo deja la mitad y, si se le gira el plato, se come lo que aparece y vuelve a dejar la mitad. La diferencia está en que uno sabe que le falta algo y el otro no.

De ahí que la negligencia se asocie a peor recuperación funcional, más caídas, más dependencia y estancias hospitalarias más largas que la hemianopsia, y que su detección precoz sea una de las aportaciones más útiles que puede hacer el oftalmólogo en la fase aguda del ictus.[1,2,3]

143.1 Negligencia espacial unilateral: concepto y variantes

Sección titulada «143.1 Negligencia espacial unilateral: concepto y variantes»

Incapacidad de atender, orientarse hacia o responder a estímulos situados en el hemiespacio contralateral a la lesión, no atribuible a déficit sensitivo o motor primario.

Los dos rasgos que la definen:

  1. Es un déficit de atención, no de sensación. El paciente puede ver el estímulo si su atención se dirige a él.
  2. Es un déficit de conciencia: el paciente no sabe que le falta, lo que la separa radicalmente de la hemianopsia y explica su pronóstico.

Es marcadamente asimétrica, y esa asimetría es informativa:

  • La negligencia izquierda por lesión derecha es mucho más frecuente, más grave y más persistente.
  • La negligencia derecha por lesión izquierda existe pero es menos frecuente, más leve y de recuperación más rápida; se ha estudiado con detalle en series específicas.[4]
  • La explicación aceptada: el hemisferio derecho atiende a los dos hemiespacios, mientras que el izquierdo atiende sobre todo al derecho. Por eso una lesión derecha deja el hemiespacio izquierdo sin cobertura, y una lesión izquierda queda parcialmente compensada.

Es un síndrome heterogéneo, y su descomposición ha sido objeto de análisis clásicos:[5,6,7]

Eje de clasificaciónVariantes
Marco de referenciaEgocéntrica (respecto al cuerpo del paciente) frente a alocéntrica (respecto a cada objeto: omite el lado izquierdo de cada objeto, esté donde esté)
Sector espacialPersonal (el propio cuerpo), peripersonal (al alcance de la mano), extrapersonal (el espacio lejano)
ModalidadVisual, auditiva, táctil, motora
ComponentePerceptivo (no percibe) frente a premotor o intencional (no dirige la acción hacia ese lado)
RepresentacionalOmite el lado izquierdo también al imaginar una escena de memoria

La negligencia personal —desatender el propio hemicuerpo— es la menos explorada y se ha señalado como «la olvidada» en revisiones sistemáticas, pese a su repercusión en el aseo y en el vestido.[8]

Y existen formas menos habituales, como la negligencia de eje diagonal, que ilustran la complejidad de la organización espacial.[9]

Es lo que más condiciona el pronóstico:

  • El paciente niega o minimiza el déficit, incluida la hemiplejia si la hay.
  • Impide la colaboración en la rehabilitación: no se puede entrenar a alguien que no cree tener un problema.
  • Se asocia a peor recuperación funcional y a peor calidad de vida, según los estudios que la han medido junto con la negligencia y la extinción.[10,11,12]
  • Lesión del hemisferio derecho, con la unión temporoparietal y el lóbulo parietal inferior como localizaciones clásicas.
  • La corteza frontal inferior y el giro temporal superior también producen negligencia.
  • La desconexión de la sustancia blanca —fascículo longitudinal superior, fascículo frontoccipital inferior— es hoy el factor que mejor explica la gravedad, y los estudios de conectoma han caracterizado esas disrupciones.[13,14]

La tabla que resuelve la mayoría de los casos

Sección titulada «La tabla que resuelve la mayoría de los casos»
HemianopsiaNegligencia
NaturalezaDefecto sensorialDefecto atencional
Conciencia del déficitSíNo —anosognosia—
Compensación espontáneaSí: gira cabeza y ojosNo
PerimetríaDefecto neto y reproducible, respeta el meridiano verticalVariable, mejora con estímulos llamativos o al avisar
Cancelación y bisecciónNormales o levemente alteradasMarcadamente alteradas
Dibujo por copiaCompletoOmite el lado izquierdo
Dibujo de memoriaCompletoPuede omitir el lado izquierdo
LecturaDificultad de exploraciónOmite el inicio de la línea o de la palabra
ExtinciónAusentePresente
LadoCualquieraIzquierdo en la gran mayoría
Pronóstico funcionalMejorPeor

Los trabajos clásicos sobre el diagnóstico diferencial entre hemineglect y hemianopsia establecieron esos criterios, y siguen siendo la referencia práctica.[15]

Es frecuente y complica el cuadro: muchos pacientes tienen las dos cosas, porque las lesiones parietales derechas extensas afectan también a las radiaciones ópticas. Su superposición se ha estudiado específicamente y produce el peor escenario funcional: un paciente que no ve un lado y tampoco lo busca.[16]

Cómo se identifica la superposición: la perimetría muestra un defecto neto y las pruebas de cancelación están desproporcionadamente alteradas para ese defecto.

Observar al paciente en la sala de espera y durante la consulta. Un paciente con negligencia:

  • Gira la cabeza y el tronco hacia la derecha de forma mantenida.
  • No responde cuando se le habla desde la izquierda o se sorprende.
  • Choca con el marco izquierdo de la puerta.
  • No mira al acompañante si está sentado a su izquierda.

Esa observación no cuesta nada y es más sensible que muchas pruebas formales.

No hay una única prueba suficiente. Las pruebas de cancelación y de bisección de líneas evalúan aspectos distintos y no se correlacionan bien entre sí, de modo que hay que hacer más de una. Los estudios que han comparado su rendimiento y su relación mutua lo demuestran de forma consistente.[17,18,19,20]

1. Bisección de líneas. Se pide marcar el punto medio de varias líneas horizontales. El paciente con negligencia izquierda desvía la marca hacia la derecha. Sencilla, rápida, con la limitación de que puede ser normal en negligencias leves. Existen variantes con caracteres desarrolladas para aumentar la sensibilidad.[21]

2. Tareas de cancelación. Se pide tachar todos los elementos de una lámina —estrellas, líneas, letras—. El paciente omite los del lado izquierdo. Son más sensibles que la bisección, sobre todo las que usan estímulos distractores.

3. Copia de un dibujo. Copiar una casa, una flor o un reloj: el paciente omite el lado izquierdo del dibujo, o de cada elemento en la variante alocéntrica.

4. Dibujo de un reloj de memoria. Amontona los números en la mitad derecha.

5. Lectura de un texto. Omite el inicio de las líneas o el comienzo de las palabras —dislexia por negligencia—. La dirección de lectura influye en la expresión del trastorno.[22]

6. Descripción de una escena. Describe solo la mitad derecha de una lámina.

7. Prueba de extinción, desarrollada en 143.4.

Son más sensibles que las pruebas de lápiz y papel para detectar la negligencia que importa —la que afecta a la vida diaria— y su uso cambia sustancialmente las cifras de prevalencia:

  • Escalas de observación de actividades cotidianas, que valoran el aseo, el vestido, la comida y el desplazamiento.
  • Los estudios que las han comparado con las pruebas clásicas muestran que la forma de medir determina la prevalencia detectada y el impacto observado sobre la rehabilitación.[3,23]

Existen recomendaciones basadas en revisión sistemática para el cribado rápido de la negligencia tras un ictus, que conviene conocer porque sitúan qué pruebas usar y en qué orden.[24]

Lo que corresponde al oftalmólogo: aplicar dos o tres de las pruebas breves cuando explora a un paciente con lesión derecha, y describir lo observado —no solo el campo visual— en su informe.

El paciente detecta un estímulo presentado aisladamente en el lado afectado, pero no lo detecta cuando se presenta simultáneamente con otro en el lado sano.

Es la forma más leve del espectro atencional y la que persiste cuando la negligencia se ha resuelto.

Es una de las exploraciones más sencillas de toda la obra:

  1. El explorador se sitúa frente al paciente con los brazos extendidos.
  2. Mueve un dedo en un lado: el paciente lo detecta.
  3. Mueve un dedo en el otro lado: lo detecta.
  4. Mueve los dos a la vez: el paciente solo detecta el del lado sano.

Ese es el signo. Dura veinte segundos y no requiere nada.

  • Competencia atencional: los dos estímulos compiten por los recursos de atención, y el hemiespacio afectado pierde sistemáticamente.
  • No es un déficit sensorial: el estímulo se procesa —hay evidencia de procesamiento implícito— pero no accede a la conciencia.
  • Los estudios sistemáticos de la extinción han caracterizado déficits entre campos y dentro del mismo campo, lo que apoya el modelo competitivo.[25,26]
  • La modulación por atención dirigida se ha demostrado con estimulación magnética transcraneal, incluida la capacidad de «extinguir la extinción» dirigiendo la atención encubierta.[27,28]
  • En fase aguda, la negligencia y la extinción constituyen estados funcionales distintos del sistema de atención visuoespacial.[14]
  • Es un marcador de disfunción atencional residual cuando la negligencia ha mejorado.
  • Su presencia predice dificultades funcionales en entornos complejos, aunque el paciente parezca recuperado.
  • Se asocia, junto con la anosognosia, al deterioro de las actividades de la vida diaria tras el ictus derecho.[11]

143.5 Repercusión funcional y rehabilitación

Sección titulada «143.5 Repercusión funcional y rehabilitación»

Es mayor que la de cualquier otro trastorno de esta sección:

  • Peor recuperación funcional tras el ictus, con estancias más largas y más dependencia al alta.[3,29]
  • Riesgo de caídas muy aumentado.
  • Dificultad para el aseo, el vestido y la alimentación.
  • Imposibilidad de conducir, con independencia del campo visual.
  • Peor calidad de vida, mediada en parte por la anosognosia.[10]
  • Se asocia a delirio en la fase aguda del ictus derecho, lo que complica el diagnóstico.[30]
  • También existe en la edad pediátrica, con una literatura mucho menor.[31]
  • Ocurre en una proporción importante de los pacientes durante los primeros meses.
  • Es más rápida y más completa en la negligencia derecha por lesión izquierda.
  • La extinción puede persistir cuando la negligencia ya no se detecta con pruebas estándar.[29]

La revisión sistemática de referencia sobre intervenciones no farmacológicas para la negligencia concluye que la evidencia es limitada y que no permite recomendar una intervención concreta sobre las demás, con efectos que se demuestran sobre las pruebas y no siempre sobre la funcionalidad.[32]

Las estrategias, con su nivel de respaldo:

EstrategiaContenidoEvidencia
Entrenamiento de exploración visualEnseñar búsqueda sistemática hacia el lado desatendidoLa más establecida en la práctica; ensayos antiguos y modernos[33,34,35]
Adaptación prismáticaPrismas de desviación a la derecha que inducen un posefecto adaptativoLa más estudiada y la más discutida
Activación del miembroMovilizar el brazo izquierdo en el hemiespacio izquierdoBeneficio descrito
Estimulación multisensorialAuditiva, vestibular, optocinética[36]Prometedora
Estimulación cerebral no invasivaCorriente alterna transcraneal como coadyuvante[37]Emergente
Realidad virtual y robóticaEntornos controlados de entrenamiento[38,39]Emergente

Merece un desarrollo propio porque ilustra bien el estado del campo:

  • El fundamento es elegante: unos prismas que desvían la imagen a la derecha obligan al paciente a corregir sus movimientos; al retirarlos, queda un posefecto que desplaza su atención hacia la izquierda.
  • Las revisiones iniciales fueron entusiastas y lo situaron por delante de las demás técnicas.[40,41]
  • Los ensayos controlados posteriores han sido menos favorables: un ensayo aleatorizado en fase subaguda no encontró efecto añadido sobre la recuperación, y un metaanálisis inclusivo no halló efecto a corto plazo.[42,43]
  • Los estudios de dosis sugieren que la cantidad de tratamiento importa y que los protocolos insuficientes pueden explicar parte de los resultados negativos, y hay trabajos que identifican qué pacientes tienen más probabilidad de beneficiarse.[44,45,46]
  • Y se ha señalado la brecha entre la investigación y la práctica, con una técnica ampliamente estudiada y poco implantada.[47]

La posición razonable: es una técnica con fundamento, con resultados desiguales y con la posibilidad de que la dosis y la selección expliquen la discrepancia. No debe presentarse como tratamiento establecido ni descartarse.

La comparación directa entre entrenamiento de exploración visual, activación del miembro y adaptación prismática se ha planteado explícitamente, sin que ninguna se imponga con claridad sobre las demás.[48] En la práctica, los programas combinan varias, y el criterio razonable es:

  • Entrenamiento de exploración como base, por su fundamento y por su aplicabilidad.
  • Activación del miembro cuando hay hemiparesia asociada.
  • Adaptación prismática como complemento, en centros con experiencia y con protocolo de dosis suficiente.
  • Estimulación multisensorial como coadyuvante.
  • Y, en todos los casos, entrenamiento en tareas reales, porque la mejoría en las pruebas de papel no se traslada automáticamente a la vida diaria.

Mientras la rehabilitación avanza, hay medidas que reducen el riesgo desde el primer día:

  • Situar los objetos de uso y la mesilla en el lado conservado en la fase aguda, y desplazarlos progresivamente al lado desatendido según mejore.
  • Aproximarse al paciente siempre por el lado desatendido una vez pasada la fase inicial, para forzar la orientación.
  • Señalizar el borde izquierdo de la bandeja, del texto y del espacio de trabajo.
  • Retirar obstáculos del lado desatendido, por el riesgo de caídas.
  • Instruir a la familia, que de forma espontánea tiende a colocarse en el lado sano y a compensarlo todo, lo que refuerza la negligencia.

Cuatro cosas concretas:

  1. Detectarla, con las pruebas breves de 143.3, en todo paciente con lesión derecha.
  2. No confundirla con hemianopsia, y describir en el informe si coexisten.
  3. Advertir del riesgo funcional: caídas, conducción, autonomía.
  4. Derivar a rehabilitación y a neuropsicología, porque el tratamiento no es oftalmológico. Los manuales de tratamiento de los déficits neurovisuales y de la negligencia sitúan ese trabajo conjunto.[49]

Paciente con ictus derecho que en la consulta gira permanentemente la cabeza a la derecha y no responde cuando se le habla desde la izquierda. El campo visual muestra hemianopsia izquierda, y las pruebas de cancelación están desproporcionadamente alteradas: coexisten hemianopsia y negligencia.[15,16]

Paciente que al bisecar líneas desvía sistemáticamente la marca hacia la derecha, con campo visual normal. Es una negligencia sin hemianopsia: el problema es atencional. El campo normal no descarta nada.[17,19]

Paciente que niega tener ningún problema pese a dejar la mitad izquierda del plato. La anosognosia es lo que peor pronóstico da y lo que más limita la rehabilitación.[10,11]

Paciente aparentemente recuperado que solo falla cuando se le mueven los dos dedos a la vez. Es extinción visual, un marcador de disfunción atencional residual que predice dificultades en entornos complejos.[14,25]

Paciente con negligencia al que se plantea entrenamiento compensatorio de exploración como en la hemianopsia. No funcionará igual: hay que tratar la negligencia primero, según el capítulo 139.[32,33]

Paciente al que se le ofrece adaptación prismática. Se le explica que es una técnica con fundamento y con resultados desiguales en los ensayos, no un tratamiento establecido.[42,43,46]

La evidencia sobre rehabilitación de la negligencia es limitada y no permite recomendar una intervención sobre las demás.[32]

La adaptación prismática tiene resultados contradictorios, y la discrepancia entre revisiones iniciales favorables y ensayos posteriores negativos no está resuelta.[40,42,43,44]

No hay consenso sobre qué prueba de cribado usar, y las distintas pruebas no se correlacionan bien entre sí.[17,18]

La prevalencia depende enormemente del instrumento, lo que impide comparar series.[3,23]

La relación entre las variantes —egocéntrica, alocéntrica, personal— y su base anatómica sigue delimitándose.[8,13]

Las técnicas emergentes —estimulación cerebral, realidad virtual, robótica— son prometedoras y preliminares.[37,38,39]

  • La negligencia es un defecto de atención, no de campo.
  • El paciente no sabe que le falta: esa es la diferencia esencial con la hemianopsia.
  • No compensa espontáneamente, y por eso su pronóstico funcional es peor.[1]
  • Es mucho más frecuente y grave por lesión derecha.[4]
  • Tiene variantes egocéntrica y alocéntrica, y sectores personal, peripersonal y extrapersonal.[5]
  • La negligencia personal es la más desatendida.[8]
  • La anosognosia asociada es lo que peor pronóstico da.[10]
  • Hemianopsia y negligencia coexisten con frecuencia.[16]
  • Ninguna prueba basta sola: hacer bisección y cancelación y copia.[17]
  • Las escalas funcionales detectan más que las pruebas de lápiz y papel.[3]
  • Observar al paciente en la consulta es más sensible de lo que parece.
  • La extinción se explora en veinte segundos moviendo los dos dedos a la vez.
  • La extinción persiste cuando la negligencia ya no se detecta.[14]
  • La evidencia sobre rehabilitación es limitada y no señala una técnica ganadora.[32]
  • La adaptación prismática tiene resultados desiguales y no es un tratamiento establecido.[43]

Este capítulo trata de una distinción que se hace en un minuto y que cambia el pronóstico de un paciente: hemianopsia o negligencia. Ambas producen que el paciente no responda a lo que ocurre en un lado, y ahí termina el parecido. El hemianópsico sabe que le falta un lado y compensa girando la cabeza; el negligente no compensa porque, para él, ese lado no existe. Uno se rehabilita entrenando la exploración; el otro no puede entrenarse mientras niegue tener un problema.

Distinguirlas no requiere aparatos. Basta con observar al paciente —hacia dónde gira la cabeza, si responde cuando se le habla desde la izquierda, si choca con el marco de la puerta— y con dos pruebas de papel: bisecar unas líneas y tachar unos elementos. Si el campo visual es normal y esas pruebas están alteradas, es negligencia; si el campo está alterado y las pruebas también lo están de forma desproporcionada, hay las dos cosas.

Y hay una exploración que merece incorporarse a la rutina de cualquier consulta que vea pacientes con ictus, porque cuesta veinte segundos: mover un dedo a cada lado, primero por separado y luego a la vez. El paciente que detecta cada uno por separado y solo uno cuando se mueven juntos tiene extinción visual, un marcador de disfunción atencional que persiste cuando la negligencia parece resuelta y que anticipa dificultades en entornos complejos.

Queda la parte incómoda. La rehabilitación de la negligencia no tiene una técnica demostradamente eficaz, y la más estudiada —la adaptación prismática— ha pasado de ser presentada como la mejor a acumular ensayos negativos, con la posibilidad abierta de que la dosis y la selección de pacientes expliquen la discrepancia. Comunicar eso con precisión, sin entusiasmo ni desdén, es lo que corresponde. Lo que sí está claro es que detectarla y nombrarla cambia el plan de rehabilitación entero, y esa detección puede hacerla el oftalmólogo antes que nadie.

El capítulo siguiente completa el recorrido de la vía ventral con los trastornos perceptivos puros: la acromatopsia cerebral, la acinetopsia y las alteraciones de la percepción de la profundidad y del tamaño.

Estilo Vancouver, numeración por orden de aparición en el texto. Referencias verificadas contra NCBI E-utilities. PMID y, cuando está indexado, DOI.

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