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Capítulo 185. Otros trastornos de la unión neuromuscular

CAPÍTULO 185 Sección XXV Unión neuromuscular y miopatías

Además de la miastenia, hay otros modos de que falle la unión neuromuscular, y varios llegan primero a la consulta de oftalmología porque empiezan por los ojos. Este capítulo desarrolla el síndrome de Lambert-Eaton —presináptico, con marcador paraneoplásico y con una semiología ocular que puede pasar desapercibida—, el botulismo y su presentación ocular, los fármacos que agravan o desenmascaran la miastenia, los efectos oculares de la toxina botulínica terapéutica, y las intoxicaciones y los bloqueantes neuromusculares. Su hilo conductor es una pregunta que hay que hacerse ante toda oftalmoparesia con ptosis: ¿está la pupila afectada?, porque la respuesta separa los cuadros postsinápticos de los presinápticos.

Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:

  • Reconocer el síndrome de Lambert-Eaton y su significado paraneoplásico.
  • Identificar el botulismo por su semiología ocular y actuar en consecuencia.
  • Conocer los fármacos que agravan la miastenia y evitar su prescripción.
  • Anticipar y manejar los efectos oculares de la toxina botulínica terapéutica.
  • Reconocer las intoxicaciones con expresión en la unión neuromuscular.

La unión neuromuscular puede fallar en dos lugares, y esa distinción organiza todo el capítulo:

En la membrana postsináptica, como en la miastenia: los receptores están reducidos y la transmisión falla con el uso. La pupila está respetada, porque su receptor es de otro tipo.

En el terminal presináptico, como en el síndrome de Lambert-Eaton y en el botulismo: la liberación de acetilcolina está bloqueada. Y aquí sí puede afectarse la pupila y el resto del sistema autónomo, porque el mecanismo afecta a toda la liberación colinérgica, incluida la parasimpática.

Esa es la regla que hay que llevarse de este capítulo: una oftalmoparesia con ptosis y pupilas midriáticas y arreactivas no es una miastenia; es un trastorno presináptico, y en el contexto adecuado es un botulismo.

Trastorno presináptico por autoanticuerpos contra los canales de calcio dependientes de voltaje del terminal nervioso, que reducen la liberación de acetilcolina.

La tríada característica:

  1. Debilidad proximal de extremidades inferiores, con dificultad para levantarse de una silla o subir escaleras. Es el síntoma dominante.
  2. Disautonomía: sequedad de boca —el síntoma más constante y el que hay que preguntar—, estreñimiento, disfunción eréctil, hipohidrosis.
  3. Arreflexia, con facilitación postejercicio: los reflejos reaparecen tras la contracción mantenida.

Y el fenómeno que lo define fisiológicamente: la fuerza mejora transitoriamente con el ejercicio breve, al contrario que en la miastenia.

Es menos llamativa que en la miastenia y por eso se pasa por alto:[1,2,3]

  • Ptosis, presente en una proporción apreciable de pacientes.
  • Diplopía, menos frecuente y menos intensa.
  • Sequedad ocular por la disautonomía, que puede ser el motivo de consulta.
  • Alteraciones pupilares, que reflejan la afectación autonómica.
  • Y una diferencia crucial con la miastenia: los síntomas oculares rara vez son la presentación inicial, y cuando dominan el cuadro hay que replantear el diagnóstico.

Es la parte que no se puede pasar por alto:

  • Una proporción sustancial de los casos se asocia a neoplasia, sobre todo carcinoma microcítico de pulmón.
  • El cuadro neurológico precede al diagnóstico del tumor en la mayoría de los casos paraneoplásicos, con frecuencia por meses o años.
  • Existen escalas de predicción del riesgo de neoplasia que ayudan a decidir la intensidad del cribado.
  • El cribado debe repetirse si el inicial es negativo, con la misma lógica del capítulo 175: cada 3-6 meses durante al menos dos años.

Su diagnóstico precoz es determinante y las revisiones insisten en ello.[4,5,6,7]

  1. Anticuerpos anti-canal de calcio tipo P/Q, positivos en la mayoría.
  2. Electrofisiología: amplitud reducida del potencial motor en reposo, decremento a baja frecuencia e incremento marcado tras ejercicio o estimulación a alta frecuencia, que es el hallazgo característico.[8]
  3. Búsqueda de neoplasia: tomografía de tórax, y tomografía por emisión de positrones si es negativa.
  • Tratamiento del tumor, que es prioritario y que con frecuencia mejora el cuadro neurológico.
  • Amifampridina —3,4-diaminopiridina—, que es el tratamiento sintomático de elección y que aumenta la liberación de acetilcolina.[9,10,11]
  • Piridostigmina, como coadyuvante.
  • Inmunoterapia en las formas autoinmunes no paraneoplásicas.
  • Y terapias avanzadas en desarrollo, incluidas las celulares en casos refractarios.[12]

Es el diferencial que corresponde a esta consulta, y sus diferencias son sistemáticas:

MiasteniaLambert-Eaton
LocalizaciónPostsinápticaPresináptica
Síntoma dominanteOcular y bulbarDebilidad proximal de piernas
Efecto del ejercicioEmpeoraMejora transitoriamente
ReflejosNormalesArreflexia con facilitación
DisautonomíaAusentePresente: sequedad de boca
PtosisMuy frecuenteFrecuente pero menos intensa
DiplopíaMuy frecuenteMenos frecuente
AnticuerposAntirreceptor, anti-MuSKAnti-canal de calcio P/Q
ElectrofisiologíaDecrementoIncremento postejercicio
Asociación tumoralTimomaCarcinoma microcítico de pulmón
Tratamiento sintomáticoPiridostigminaAmifampridina

La pregunta que más discrimina en la consulta: «¿tiene la boca seca?» La sequedad de boca es casi constante en el Lambert-Eaton y prácticamente ausente en la miastenia, y las guías de manejo de ambos síndromes recogen esa distinción.[13,14,15]

Bloqueo presináptico de la liberación de acetilcolina por la toxina botulínica, que impide la fusión de las vesículas con la membrana.

  • Alimentario, por ingestión de toxina preformada.
  • Del lactante, por colonización intestinal, con el antecedente clásico de la miel.
  • De heridas, asociado al consumo de drogas por vía parenteral.
  • Yatrogénico, por difusión de toxina administrada con fines terapéuticos o estéticos, cuyas series describen su perfil clínico y pronóstico.[16]

La semiología ocular, que es la que trae al paciente

Sección titulada «La semiología ocular, que es la que trae al paciente»

Es de las primeras manifestaciones y es muy característica:

  • Visión borrosa y dificultad para enfocar de cerca, por parálisis de la acomodación. Es con frecuencia el primer síntoma.
  • Diplopía.
  • Ptosis bilateral.
  • Oftalmoparesia, que puede llegar a oftalmoplejía completa.
  • Y el signo decisivo: pupilas midriáticas y arreactivas o perezosas. Es lo que lo separa de la miastenia sin margen de error.
  • Sequedad de boca y de ojos, por la afectación autonómica.

Las series que han descrito las manifestaciones oftalmológicas del botulismo documentan bien esta combinación y su valor diagnóstico.[17,18]

  • Parálisis descendente, simétrica y sin fiebre, que empieza en los pares craneales y desciende.
  • Sin alteración sensitiva ni del nivel de conciencia.
  • Insuficiencia respiratoria, que es la causa de muerte.
  • Estreñimiento, que en el lactante suele preceder al resto.

Es una urgencia y el diagnóstico es clínico:

  1. Sospecharlo ante la combinación de oftalmoplejía, ptosis, midriasis y parálisis descendente.
  2. Notificación urgente a salud pública, que es obligatoria y que además es la vía para obtener la antitoxina.
  3. Administración de antitoxina lo antes posible: su eficacia depende de la precocidad, y no hay que esperar a la confirmación microbiológica.
  4. Soporte respiratorio, que es lo que determina la supervivencia.
  5. Estudio microbiológico de suero, heces y alimentos.

Y una advertencia diagnóstica: los diagnósticos alternativos que más se consideran —síndrome de Miller Fisher y miastenia— se separan por la pupila y por el patrón descendente.

185.3 Fármacos que agravan o desenmascaran la miastenia

Sección titulada «185.3 Fármacos que agravan o desenmascaran la miastenia»

Porque prescribimos y aplicamos fármacos que pueden precipitar una crisis, y porque el paciente con miastenia acude a muchas consultas y nadie revisa la lista completa.

Las revisiones actualizadas sobre fármacos que inducen o deterioran la miastenia recogen listas extensas; lo que sigue es lo que más importa en la práctica:[19,20]

GrupoEjemplosRiesgo
AminoglucósidosGentamicina, tobramicina, amikacinaAlto
FluoroquinolonasCiprofloxacino, levofloxacino, moxifloxacinoAlto[20]
MacrólidosAzitromicina, claritromicinaModerado
Telitromicina—Contraindicada
Bloqueantes betaIncluidos los tópicos oftálmicosRelevante para esta especialidad
AntiarrítmicosQuinidina, procainamidaAlto
Bloqueantes del calcio—Moderado
MagnesioIntravenoso, sobre todo en obstetriciaAlto
Toxina botulínicaCualquier indicaciónAlto
Estatinas—Moderado, descrito
Penicilamina y cloroquina—Pueden inducir miastenia
Inhibidores de puntos de control—Pueden inducirla, con formas graves[21]
Corticoides a dosis alta de inicio—Empeoramiento paradójico transitorio[22]
Sección titulada «Lo que corresponde específicamente al oftalmólogo»

Y merece destacarse porque casi nunca se tiene en cuenta:

  1. Los bloqueantes beta tópicos —timolol y análogos— se absorben sistémicamente y pueden agravar una miastenia. En un paciente con miastenia y glaucoma, conviene elegir otra familia.
  2. Las fluoroquinolonas tópicas y sistémicas, muy usadas en profilaxis y en tratamiento de infecciones oculares.
  3. Los aminoglucósidos tópicos, cuya absorción es menor pero no nula.
  4. La toxina botulínica, que se usa en esta especialidad para el blefaroespasmo, el estrabismo y la ptosis, y que está contraindicada en la miastenia.
  5. La anestesia para cualquier procedimiento oftalmológico, que exige informar al anestesista.
  • Preguntar siempre por miastenia antes de prescribir estos fármacos.
  • Consultar la lista ante cualquier fármaco nuevo en un paciente con miastenia.
  • Advertir al paciente por escrito de que debe comunicar su diagnóstico antes de cualquier prescripción.
  • Y no evitar un fármaco necesario por miedo: en muchos casos el beneficio supera al riesgo, y la decisión debe tomarse conociendo ambos, con vigilancia estrecha.

El empeoramiento inicial con corticoides merece mención propia: es un fenómeno reconocido, revisado de forma sistemática, y es la razón de la escalada progresiva en el paciente ambulatorio.[22,23]

185.4 Efectos oculares de la toxina botulínica terapéutica

Sección titulada «185.4 Efectos oculares de la toxina botulínica terapéutica»

Son frecuentes, previsibles y en general transitorios:

  • Ptosis, por difusión al elevador. Es el efecto adverso más frecuente en el tratamiento periocular, y su incidencia depende de la técnica y del punto de inyección.[24,25]
  • Diplopía, por difusión a los músculos extraoculares.
  • Lagoftalmo y queratopatía por exposición, por debilidad del orbicular.
  • Ectropión y epífora.
  • Sequedad ocular, por reducción del lagrimeo reflejo.
  • Hematoma y edema locales.

Las estrategias para reducirlos están bien descritas en las guías prácticas de aplicación periocular, y dependen sobre todo del punto y de la profundidad de la inyección.[26,27]

Menos frecuentes pero más graves: debilidad generalizada, disfagia y, excepcionalmente, un cuadro compatible con botulismo yatrogénico, cuyas series recientes han caracterizado el perfil clínico y los factores pronósticos.[16]

Los factores de riesgo: dosis altas, aplicaciones repetidas a intervalos cortos, productos no regulados y aplicación por personal no cualificado.

Las contraindicaciones que corresponden a este capítulo

Sección titulada «Las contraindicaciones que corresponden a este capítulo»
  • Miastenia y síndrome de Lambert-Eaton, en los que está contraindicada.
  • Tratamiento concomitante con aminoglucósidos u otros fármacos que interfieren con la transmisión.
  • Embarazo y lactancia, por precaución.

Y la comprobación previa que hay que hacer siempre: preguntar por debilidad, fatigabilidad, disfagia y diplopía fluctuante antes de la primera inyección. Una miastenia no diagnosticada desenmascarada por una inyección de toxina es un escenario descrito y evitable.

185.5 Intoxicaciones y bloqueantes neuromusculares

Sección titulada «185.5 Intoxicaciones y bloqueantes neuromusculares»

Inhiben la acetilcolinesterasa y producen un exceso colinérgico:

  • Miosis intensa, que es el signo ocular característico y el opuesto al del botulismo.
  • Visión borrosa, espasmo de acomodación, dolor ocular.
  • Lagrimeo y sialorrea.
  • Síntomas sistémicos colinérgicos: broncorrea, bradicardia, diarrea, fasciculaciones.
  • Debilidad y parálisis respiratoria en fases avanzadas.

Y una particularidad de esta especialidad: la exposición ocular directa a agentes de este tipo produce afectación local con miosis prolongada, y su tratamiento se ha estudiado de forma específica.[28]

Su antídoto es la atropina, con oximas, y su manejo corresponde a toxicología.

El equivalente terapéutico es la pilocarpina tópica, cuyos efectos sobre el tamaño pupilar y la acomodación están cuantificados y explican los síntomas visuales que produce, hoy relevantes por su uso en presbicia.[29]

Los bloqueantes neuromusculares en anestesia

Sección titulada «Los bloqueantes neuromusculares en anestesia»

Es una cuestión práctica de primer orden en el paciente con miastenia que va a operarse de cualquier cosa, incluida una catarata:

  • Sensibilidad aumentada a los bloqueantes no despolarizantes, con efecto prolongado e impredecible.
  • Respuesta alterada a la succinilcolina.
  • Riesgo de ventilación mecánica prolongada y de crisis postoperatoria.
  • Necesidad de valoración preoperatoria específica y de monitorización de la relajación.

Las revisiones sobre el manejo anestésico y perioperatorio del paciente miasténico y sobre el uso de relajantes en las enfermedades neuromusculares desarrollan bien estas consideraciones.[30,31,32,33,34]

Lo que corresponde al oftalmólogo:

  1. Informar en la solicitud quirúrgica de que el paciente tiene miastenia. Es una línea y evita sorpresas.
  2. Preferir la anestesia tópica o locorregional cuando sea posible, que es lo habitual en cirugía oftalmológica.
  3. Revisar la medicación perioperatoria, incluidos los antibióticos profilácticos.
  4. Comprobar que el paciente ha tomado su medicación el día de la intervención.
  5. Vigilar el postoperatorio inmediato, porque el estrés quirúrgico puede precipitar una crisis.
  • Embarazo y puerperio, con manejo específico y con el riesgo añadido del magnesio intravenoso.[35]
  • Infecciones intercurrentes, cuyo manejo en enfermedades neuromusculares se ha revisado en el contexto de epidemias recientes.[36]
  • Inmunoglobulinas intravenosas, cuyo uso y sus consideraciones en neurología autoinmune están actualizados.[37]

Paciente con ptosis leve, sequedad de boca intensa y dificultad para subir escaleras. Es un síndrome de Lambert-Eaton: hay que buscar un carcinoma microcítico de pulmón.[2,4]

Paciente con oftalmoplejía, ptosis y pupilas midriáticas arreactivas, con visión borrosa de cerca. Es un botulismo hasta que se demuestre lo contrario: notificación urgente y antitoxina.[17,18]

Lactante con estreñimiento, ptosis y debilidad progresiva. Botulismo del lactante.

Paciente con miastenia y glaucoma al que se va a prescribir timolol. Conviene elegir otra familia de hipotensor.[19]

Paciente con miastenia al que se prescribe ciprofloxacino por una infección. Riesgo de exacerbación: si es imprescindible, con vigilancia estrecha.[20]

Paciente con blefaroespasmo tratado con toxina que desarrolla ptosis. Es el efecto adverso más frecuente y es transitorio; depende del punto de inyección.[24,26]

Paciente al que se va a inyectar toxina y que refiere diplopía fluctuante y cansancio al masticar. Hay que descartar miastenia antes de inyectar.

Paciente con miastenia programado para cirugía de catarata. Hay que informarlo en la solicitud y preferir anestesia tópica.[30]

La duración óptima del cribado de neoplasia en el síndrome de Lambert-Eaton no está establecida.[1,3]

La magnitud real del riesgo de muchos de los fármacos incluidos en las listas de precaución es difícil de cuantificar, y procede en buena parte de notificaciones espontáneas.[19,20]

El empeoramiento inicial con corticoides está descrito y revisado, pero su frecuencia real y sus factores predictivos no están bien definidos.[22]

La incidencia de efectos adversos a distancia de la toxina botulínica con las pautas actuales es baja pero está mal cuantificada.[16]

El manejo anestésico óptimo del paciente miasténico varía entre centros y carece de un protocolo universalmente aceptado.[31,33]

El papel de las terapias celulares en los trastornos refractarios de la unión neuromuscular está en fase inicial.[12]

  • Postsináptico —miastenia— respeta la pupila; presináptico puede afectarla.
  • El Lambert-Eaton se presenta con debilidad proximal y sequedad de boca, no con síntomas oculares.[2]
  • La fuerza mejora con el ejercicio breve, al contrario que en la miastenia.
  • Obliga a buscar un carcinoma microcítico de pulmón y a repetir el cribado.
  • La amifampridina es su tratamiento sintomático.[9]
  • En el botulismo hay midriasis arreactiva: eso lo separa de la miastenia.[17]
  • La parálisis del botulismo es descendente y simétrica, sin fiebre ni alteración sensitiva.
  • La antitoxina no espera a la confirmación microbiológica.
  • Los bloqueantes beta tópicos pueden agravar la miastenia.[19]
  • Las fluoroquinolonas son un riesgo relevante y muy usadas.[20]
  • La toxina botulínica está contraindicada en la miastenia y en el Lambert-Eaton.
  • Preguntar por fatigabilidad antes de inyectar toxina.
  • La ptosis es el efecto adverso más frecuente del tratamiento periocular con toxina.[24]
  • Los organofosforados producen miosis, lo contrario del botulismo.
  • Informar de la miastenia en toda solicitud quirúrgica, incluida la de catarata.[30]

Este capítulo amplía el terreno más allá de la miastenia y su hilo conductor cabe en una comprobación que cuesta un segundo: mirar la pupila. Una oftalmoparesia con ptosis y pupilas normales apunta a un trastorno postsináptico; la misma oftalmoparesia con pupilas midriáticas y arreactivas apunta a un bloqueo presináptico, y en el contexto adecuado —parálisis descendente, sequedad, sin fiebre— es un botulismo, que es una urgencia de notificación obligatoria y de tratamiento inmediato.

El síndrome de Lambert-Eaton se diagnostica tarde por una razón concreta: sus síntomas oculares son discretos y sus síntomas dominantes —debilidad de piernas y sequedad de boca— no llevan al oftalmólogo. Pero cuando un paciente con ptosis refiere que le cuesta levantarse de la silla y que tiene la boca seca, la combinación es característica, y detrás hay con frecuencia un carcinoma microcítico de pulmón que todavía no se ha manifestado.

La parte del capítulo que más afecta a la práctica diaria de esta especialidad es la farmacológica, y merece subrayarse porque se ignora con frecuencia: los bloqueantes beta tópicos que se prescriben para el glaucoma, las fluoroquinolonas que se usan en profilaxis y tratamiento oculares, los aminoglucósidos tópicos y, sobre todo, la toxina botulínica que se aplica para el blefaroespasmo y el estrabismo pueden agravar o desenmascarar una miastenia. Preguntar por fatigabilidad antes de inyectar toxina es una comprobación de veinte segundos.

Y queda una recomendación organizativa que evita más problemas que cualquier conocimiento: escribir «paciente con miastenia gravis» en la solicitud de cualquier procedimiento quirúrgico, incluida una cirugía de catarata rutinaria. Es una línea, no cuesta nada, y permite que el equipo anestésico ajuste su plan antes de encontrarse con una relajación prolongada e inesperada.

El capítulo siguiente cambia de nivel anatómico y pasa del nervio y de la unión al propio músculo: la oftalmoplejía externa progresiva crónica y las miopatías mitocondriales, en las que la ptosis es bilateral, lentamente progresiva y —a diferencia de todo lo visto hasta ahora— no fluctúa.

Estilo Vancouver, numeración por orden de aparición en el texto. Referencias verificadas contra NCBI E-utilities. PMID y, cuando está indexado, DOI.

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